Correo Semanal

Como yo soy fiel cristiano

 

Mario Rubén Álvarez

Alabarán un día los estacioneros, esos hombres –y, en algunos casos, mujeres y niños– que en la Semana Santa desatan toda la tristeza de la Tierra en su purahéi asy –algunos dicen jahe’o, pero no llega a esa forma en que el llanto adquiere un rango de infinito desconsuelo–, para cantar la Vida, la Pasión y la Muerte de Jesús?

Es imposible vaticinar. Por la evidencia de que cada vez hay menos pasioneros –como también se los llama en algunas regiones del país–, en menor cantidad de lugares del país, parecería que sí.

Sin embargo, José Calasán Centurión Vega, músico y compositor de Franco Isla (Carapeguá, Departamento de Paraguarí), en las cercanías del mítico lago Ypoá, cree que esta expresión de la religiosidad popular de la gente humilde aún tiene aliento para rato. Lo dice con conocimiento de causa porque al vivir todos los días en medio de su comunidad está al tanto de lo que pasa y lo que no pasa.

“A veces parece que desaparecen un poco, pero con satisfacción veo que están volviendo a agruparse en la Semana Santa de este año. Es el caso, por ejemplo, del grupo de Hugua, que está en la jurisdicción de Franco Isla, del distrito de Carapeguá. De allí es la familia Santacruz. El padre de ellos, don Brígido, fallecido, encabezaba a los estacioneros de su familia. Ellos grabaron en el 2010 el disco Nembo’e purahéi de los carapegüeños. Este año ellos volvieron a cantar en el oratorio de su comunidad ”, recuerda Centurión Vega.

“Tengo un programa diario –sigue contando–, en Radio Panamericana de Carapeguá, de 4.00 de la madrugada a 5.30. En estos días estuve poniendo diversas grabaciones del canto de los estacioneros y a la gente le gusta. Pide que se toque porque tiene un encanto muy especial. Llaman por teléfono, me envían mensajes y me paran en la calle para hacerme comentarios, recordar grupos y a pedirme que ponga todos los días esa música”.

Comenta luego que los Santacruz, de Hugua, a los que mencionaba, grabaron una música de estacioneros titulada Como yo soy fiel cristiano. Lleva ese nombre, que es el primer verso de la canción, porque eso es lo que se estila cuando un texto carece de título o el mismo ha desaparecido a lo largo del tiempo.

“Ese es un ñembo’e purahéi, una oración cantada, con el que los estacioneros inician su recorrido por las 14 estaciones del calvario de la Pasión de Jesús. Le canta a la cruz en la que fue alzado Jesús hasta morir. Es poderosa porque defiende a las personas del peligro, de situaciones difíciles de la vida. Es una compañía que siempre hay que tener a mano para enfrentar los momentos de peligro en la vida. Su letra no se entiende muy bien, pero así la cantan los Santacruz y así grabaron. Impresiona mucho al escucharla. Tiene una tristeza muy grande”, comenta también José Calasán.

En cuanto a la supervivencia de grupos de estacioneros, comenta que las compañías “Beni Loma, Tajy Loma, Aguai’y y otras mantienen sus grupos de estacioneros”. Asimismo el cantante añade que “en Cañetekue, del distrito de Acahay, también existe una agrupación que mantiene la tradición”.

En conclusión, es difícil pronosticar si los estacioneros sobrevivirán no tanto a la ola gigante de la globalización que trae consigo su repertorio de actitudes y contenidos como a la generalizada desvalorización de las costumbres populares. El tenue reverdecimiento del que habla José Calasán Centurión Vega puede apuntar a la recuperación de los grupos de estacioneros, pero también puede ser tan solo un relumbrón final antes de su extinción.

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