Correo Semanal

Cielito del Paraguay (Me dijo que no)

 

Mario Rubén Álvarez

En más de una ocasión, los títulos de las obras de Emiliano R. Fernández fueron re-creados –es decir, vueltos a hacer, reelaborados– por sus intérpretes o por los que aman sus letras.

A modo de ilustración, he aquí dos ejemplos. Aháma che Chína, escrito para Catalina Gadea en 1928 cuando parecía inminente el inicio de la Guerra del Chaco –cosa que en realidad ocurriría en 1932–, se convirtió en Che la Reina. Y Arribeño purahéi se popularizó como Barsíno koli.

Ese re-bautismo donde los autores son desplazados por sus “cocreadores” no solamente ocurre con las obras de los compositores y músicos de pueblo. El mismo fenómeno de re-identificación sucede también en el ámbito de los llamados poetas cultos.

Tal el caso del poeta Elvio Romero –nacido en Yegros, Departamento de Caazapá, el 1 de diciembre de 1926 y fallecido en Buenos Aires el 19 de mayo de 2004–, quien tituló uno de sus poemas musicalizados por el compositor de Rosario (Argentina) Enrique Llopis como Me dijo que no y algún tiempo después, girando por la vida, se transformó en Cielito del Paraguay. El Cielito es un baile y una forma poética rioplatense que también recaló a nivel local.

Cielito del Paraguay forma parte de un conjunto de obras que el escritor paraguayo exiliado le entregó al compositor Llopis para que le diera alas de música para que su vuelo se robusteciera aún más.

Enrique cuenta en Asunción –a la que llegó para cantar en el homenaje realizado en el Teatro Municipal para recordar los 70 años de la creación de Recuerdo de Ypacaraí, de Demetrio Ortiz–, que a Elvio lo conocía por referencias desde la década de 1970 a través del movimiento musical Canto Popular Rosario.

“Leí algunas de sus obras y, posteriormente, gracias a los entrañables poetas Hamlet Lima Quintana y Armando Tejada Gómez –cuyos poemas también musicalicé–, amigos de Elvio, pude acercarme personalmente a él”, rememora el que también le puso melodía a poemas de Rafael Alberti.

“En 1986 nos citamos en el bar La Paz, de Buenos Aires. Allí Elvio me entregó varios poemas inéditos para que los musicalizara. Me emocionó profundamente aquel gesto de amistad suyo. Allí estaban Cielito del Paraguay, Si la tierra fuera mía, Junto al río, En la noche callada, Con botas de siete leguas, Se echaría a volar, Las coplas del caminante, Coplas del amor viajero, Cielito de la Perdida, De caminante y Nuestro andar es ligero. En ese listado, con el tiempo, yo incluí La sortija, de uno de sus libros”, recuerda Enrique.

El aire y el clima respetados

Al llegar a su casa, empezó a leer los poemas, a tararearlos, a volver sobre lo ya visto, a repasar lo repasado, a darle melodías a las palabras que se deslizaban delante de sus ojos.

“De una sola vez fui dándole a cada texto su música. El entusiasmo me movía. Eran letras que Elvio Romero había pensado para que fueran canciones. No es música paraguaya lo que hice, pero respeté su aire, su clima. Como las canciones paraguayas son muy melodiosas, pensé que al grabarlas tenía que tener cuerdas, viento... una gran orquesta. Por mucho tiempo, eso fue imposible hasta que la ocasión se presentó en el 2006. Las grabaciones se hicieron en Asunción y Buenos Aires. El disco llamado Cielito del Paraguay, después de Asunción, también fue presentado en España y Buenos Aires”.

La gestión de Judith María Vera fue decisiva para la grabación.

Enrique Llopis afirma que las obras más logradas del disco son Cielito del Paraguay, Coplas del amor viajero y En la noche callada. “A Elvio le encantaba esta última”, termina diciendo.

Memoria viva Memoria viva

Cielito del Paraguay
(Me dijo que no)

Al verla venir
el cielo se abrió;
pregunté su nombre,
me dijo que no,
si adónde vivía
y me lo negó;
le acerqué una rosa
y un clavel punzó,
le miré a los ojos,
me dijo que no.

Cielito, cielo y más cielo,
cielito de andar y andar,
cielito de mi desvelo,
cielito del Paraguay.

La besé de pronto,
y se me alejó,
vestidito blanco
de color de albor,
andar de paloma
que apenas voló;
le dije dos cosas
y se sorprendió,
le acerqué la cara,
me dijo que no.

Cielito, cielo que sí,
cielito, cielo que no,
cielo de una luna esquiva
que una noche me alumbró.

Le indiqué un camino,
me dijo que no;
le pedí el tesoro
que siempre escondió,
le pedí rogando,
le ofrecí una flor,
me acerqué cantando,
le conté mi amor,
me acerqué a sus labios,
me dijo que no.

Cielito de mis amores,
de mis horas de cantar,
cielo de siete colores,
cielito del Paraguay.

Letra: Elvio Romero
Música: Enrique Llopis


Varios poemas de Elvio Romero robustecieron aún más sus alas al ser musicalizados por el compositor y cantante argentino Enrique Llopis.

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