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Cenas eucarísticas sin sacerdote

La esencia del cristianismo consiste en una apertura al otro y en esa apertura, como origen de ella o como resultado, el que lleguemos a creer en el Dios de Jesús.

En este caminar hay momentos muy importantes en que recordamos a la persona de Jesús y su muerte y resurrección y que llamamos la eucaristía. Y esos momentos nos aumentan la fe y la esperanza para seguir caminando.

El modo de realizar las eucaristías parece estar ahora un poco en crisis. Y no me refiero a las eucaristías solemnes, por ejemplo como cuando vino el papa Francisco que lo disfrutamos. Sino a la eucaristía diaria, semanal o de vez en cuando que, en ocasiones, nos resultan demasiado iguales y repetitivas en el ritual que tienen.

Añádase a esto la carencia de eucaristías por falta de sacerdotes o en lugares apartados para llegar periódicamente.

Todavía seguimos dándoles poca participación a los laicos. Y escuchamos “Voy a estar en la eucaristía” y no el “Tomo parte activa en ella”.

El P. Costadoat , jesuita chileno, en su artículo ¿Por qué no puede haber cenas eucarísticas sin sacerdote, escribe la siguiente:

“He pensado en la posibilidad de celebrar cenas eucarísticas sin sacerdote. No en reemplazo de eucaristías propiamente tales, sino a modo de complemento y cuando estas no se pueden dar. Pienso en cenas al atardecer, a la hora del recogimiento, que recuerden que Jesús comía con todo tipo de personas.

Estoy pensando en personas que quieren seguir un camino comunitario con Cristo, que no tienen dónde ir a misa porque carecen de una iglesia cercana, que la liturgia actual de la liturgia de la Iglesia se les hace un rito huero o insoportable o que sufren el que sus hijos sean hoy alérgicos a la religión y quisieran ellas ofrecerles una manera nueva de entender lo que es una vivencia cristiana”.

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