Opinión

Catástrofe

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Hemos tenido reiteradas muestras de la pobre educación que tenemos a lo largo de toda esta democracia. Al principio era fácil: la culpa la tenía el dictador que invirtió durante 35 años 1% del PIB. Una cifra con claras connotaciones de evitar que el pueblo pensara y cuestionara su régimen. Pero luego vino la democracia y las cosas no mejoraron en materia educativa. Al contrario, podemos afirmar que estamos peor en casi todos los indicadores y lo terrible es que a nadie le importa.

El 80% de los padres de los alumnos paraguayos están contentos con la educación que reciben sus hijos y estos, a pesar de que por miles desertan anualmente –porque no “se hallan ni aprenden nada”– no llaman la atención como debieran. Nos reímos de las limitaciones de nuestros políticos, sus tremendas incapacidades para conjugar verbos elementales –como ser en futuro– y nos debatimos férreamente para explicar el sentido de “serán senadores vitalicios...”, al punto de poner al país en ascuas y amenazando la gobernabilidad. El que no entiende la conjugación verbal ha sido dos veces ministro de Educación y una vez presidente de la República. Eso de que “la tavy na ñande jukái, pero ñande reko asy” (“la ignorancia no nos mata, pero nos maltrata”) no es completamente cierto. La ignorancia nos mata todos los días de manera más que evidente.

Los indicadores nos muestran signos catastróficos, como la afirmación reciente de la viceministra de Educación, quien afirmó que con este sistema de educación y con la maldita reforma que tuvimos ¡nos llevarán 262 años alcanzar el nivel de los países desarrollados! Para entenderlo bien, la que lleva la política del sector se espanta del rezago que tenemos, pero no admite la más mínima autocrítica. Está hablando de que así como estamos ni en diez generaciones saldremos del pozo y el bono demográfico será un fracaso espantoso que tendrá notables costos cuando pasen por millones a estar en el pasivo económico del país.

¿Por qué hemos llegado a este estado? Alta dosis de cinismo, despreocupación colectiva del problema, pobre financiación, uso politiquero de la educación por muchos de sus principales actores y un rechazo visceral a mejorar lo que está mal. Estamos rifando nuestro futuro como país y no nos damos cuenta del daño que ello supone. Todo lo que vemos es consecuencia del tremendo rezago en materia educativa. Desde las increíbles limitaciones de un parlasuriano para expresarse, un ex presidente que no entiende reglas básicas de conjugación verbal, instituciones que interpretan textos a su antojo desatando la ira ciudadana y, por sobre todo, la pobreza que cada día crece. Cómo no lo haría con esta educación que tenemos. Por cada año de buena educación se garantizan siete años menos de pobreza. Con nueve años de formación primaria de calidad no deberíamos tener ningún pobre en el país.

Hace unos años, una viceministra –quien luego fue titular de la cartera– afirmó que la educación paraguaya estaba en el siglo XIX y a nadie le inmutó, incluido a ella. Ahora otra nos dice que así como estamos –creyendo que los demás países se estanquen– ¡nos llevará dos siglos y medio alcanzarlos! Una catástrofe a la que debemos remediar entre todos sin importar el lugar. Hay que remangarse y acortar el tiempo; de lo contrario, podemos dejar de ser país.

Dejá tu comentario