Opinión

Castigo a los pobres

Wendy Marton – @WendyMarton

Paraguay debe ser uno de los pocos países en el mundo donde el pobre paga más impuestos que los ricos.

El impuesto al valor agregado (IVA) sigue siendo el soporte de la Administración Tributaria paraguaya para sostener los gastos del Estado, mientras la contribución directa del sector empresarial y personal se ubica por debajo.

La presión tributaria en el Paraguay es una de las más bajas en América Latina, la cual se relaciona de manera importante con una de las principales características del sistema tributario de nuestro país, que son las bajas tasas impositivas, según el Informe de Finanzas Públicas del Ministerio de Hacienda.

Así, en el informe se recuerda que el impuesto a la renta de las personas físicas data de 1971, cuando por un corto periodo entró en vigencia con la Ley 248/71, para luego ser suspendida indefinidamente y finalmente derogada por la Ley 125/91. El IRP fue creado nuevamente por la Ley 2421/04, pero de nuevo postergado en varias ocasiones hasta que un acuerdo político permitió que entre en vigencia la Ley 4673/12.

El IRP, básicamente, grava las rentas de fuente paraguaya que provengan de la realización de actividades que generen ingresos personales. Este año, alcanza a quienes alcancen ganancias superiores a 76 salarios mínimos (aproximadamente G. 6.337.689).

Desde la vigencia del impuesto, la cantidad de contribuyentes pasó de 2.469 a 75.111 en el 2018, mientras que la recaudación pasó de USD 84.641 a USD 46,1 millones, al tipo de cambio actual.

Según Hacienda, Paraguay se encuentra entre los países que gravan menos la renta personal, y posee el menor spread entre tasas mínimas y máximas (se aplican 8% y 10%) conjuntamente con Guatemala y Bolivia (que tiene una tasa única del 13%).

La recaudación del impuesto como porcentaje del PIB es la más baja en América Latina.

Entretanto, agrega que la contribución del IRP en nuestro país se sitúa muy por debajo de estos ratios, principalmente, debido a que el potencial recaudador del impuesto se ve limitado por excesivas deducciones permitidas, que hacen que se asemeje más a un impuesto al ahorro que a un impuesto a la renta personal.

A pesar de que estas exenciones favorecen más a quienes tienen ganancias mayores, hace unos días desde el Gobierno lanzaron un “globo sonda” sobre la posibilidad de reducir a 24 salarios mínimos al año (algo así como G. 4,2 millones por mes) el alcance del tributo.

Tras el rechazo generalizado a la propuesta, desde Hacienda señalaron que el tema aún no fue analizado por la Comisión Técnica Tributaria, que este mes debatirá sobre el IVA, para luego pasar al capítulo de los impuestos a la renta.

Si bien se entiende, en parte, que la intención es aumentar la formalización, ya que si se presentan facturas por todos los gastos realizados no se paga el IRP, llama la atención que el Fisco aún no es capaz –o no quiere serlo– de cobrar el impuesto a personas con ingresos multimillonarios como Javier Zacarías Irún –evasor confeso del IRP.

Mientras Hacienda no se aboque a cobrar a las personas que evaden o eluden impuestos, no tiene sentido hablar de reforma tributaria.

Recién este año se cerró el círculo del IRP y debería esperarse por lo menos cinco años para tratar de cambiarlo. Eso sí, buscando que los ricos paguen, y no solo apuntar a los de menores ingresos.

Dejá tu comentario