Política

Cartes cometió los mismos errores de Lugo y Nicanor durante su Gobierno

Enceguecido por el poder, el mandatario padeció el síndrome del tercer año, una etapa donde los últimos tres gobernantes buscaron la manera de continuar al mando del país mediante la reelección.

Horacio Cartes asumió las riendas administrativas del país en agosto del 2013, y permitió que la ANR vuelva al poder. Prometía un gobierno capaz, eficiente y sin discriminación alguna. A poco más de un mes para dejar la titularidad del Poder Ejecutivo, Cartes será recordado como uno más, sin lograr mayores avances y dejando el poder en medio de una crisis política, como las tantas que padeció durante su periodo al frente del Gobierno.

Al igual que Fernando Lugo (2008-2012) y Nicanor Duarte Frutos (2003-2008), el actual mandatario buscó la reelección presidencial apenas inició el tercer año de su gestión, lo que provocó una gran crisis política que perdura hasta la fecha.

Lugo se había empecinado en continuar su mandato, y al no recibir el apoyo de sus ministros en ese entonces, Efraín Alegre (Obras Públicas) y Rafael Filizzola (Interior), quienes ya entonces querían candidatarse a la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, los destituyó. También creó enfrentamientos con un sector del principal partido que lo llevó al poder: el PLRA. Paradójicamente, Lugo surgió en la arena política rechazando el intento de reelección de su antecesor, Nicanor Duarte Frutos. Este también pasó varios años de su Gobierno con una sed de poder inquebrantable buscando el rekutu, que lo llevó a un estado de enfrentamiento permanente con la oposición, que le bloqueó iniciativas para el país, y a duros enfrentamientos con la Iglesia y la prensa, generando una feroz crisis institucional.

Ordenar la casa. Durante su primer año, Cartes intentó “ordenar la casa”, como mencionaban los principales referentes del Ejecutivo, criticando por varios meses la dilapidación de recursos del Gobierno anterior del liberal Federico Franco (2012-2013). Durante este tiempo, Cartes contó con un amplio acompañamiento político. Una mayoría de senadores y diputados oficialistas se encargó de otorgarle todas las herramientas legislativas solicitadas por el jefe de Estado en materia económica, como los bonos soberanos, la Ley de Alianza Público-Privada; y en seguridad, como la Ley de Defensa Nacional. No obstante, y pese al acompañamiento de senadores y diputados, la dirigencia de base de la ANR ejercía una gran presión. La insatisfacción en las bases coloradas, que reclamaba mayor espacio de poder en el Gobierno iba acrecentándose a medida que pasaban los días. La presencia de técnicos en los ministerios y secretarías creó descontento en el bloque republicano. Cartes tuvo que ceder, y empezó a nombrar dirigentes colorados “a dedo”, a cambio de lealtad. Su primer año de gobierno culminó con una gran movilización campesina y obrera en protesta por su gestión.

Internas. El favorable escenario de gobernabilidad de Cartes cayó estrepitosamente durante su segundo año de mandato. El líder del movimiento Honor Colorado se inmiscuyó en las internas coloradas posicionando a su candidato Pedro Alliana y generando divisiones en el seno de su mismo partido, que finalmente le afectó en la Cámara de Senadores. El actual presidente electo, Mario Abdo Benítez, quien también buscaba la presidencia de la ANR, conformó una bancada disidente. Los proyectos que estaban en camino quedaron postergados.

Sin embargo, Cartes se encaprichó y rehusó llegar a un acuerdo. Durante ese lapso, una de sus mayores obsesiones en campaña –la lucha contra la pobreza– tuvo un leve aumento.

Reelección. Cartes cumplió su tercer año de gobierno cercado con fuertes críticas hacia su gestión, división interna en la ANR, crisis con los senadores de la oposición y una fuerte caída de su popularidad.

Con la crisis creada con su propio partido, se vio obligado a modificar a la mitad de su Gabinete, conformado hasta ese momento en su mayoría por técnicos. Para ese entonces, la maquinaria oficialista avalada por el mismo gobernante, ya se encontraba impulsando el plan de llevar a cabo la campaña por la reelección presidencial, que tuvo su epicentro en marzo del 2017.

Ya para entonces, las críticas hacia su gestión aumentaban. El presidente prometió cortar las manos a los corruptos, pero ante la falta de fortaleza política se vio obligado a rodearse de cuestionados legisladores, entre ellos Víctor Bogado y José María Ibáñez, procesados en sendos casos de corrupción.

En medio del plan reeleccionista llegaron las internas municipales que tuvo a Cartes como gran protagonista. El presidente hizo campaña intensa y se jugó en Asunción por Arnaldo Samaniego. Fue su primera gran derrota política en 2015, ya que salió victorioso como intendente capitalino el comunicador Mario Ferreiro.

Enmienda y crisis. En enero del 2017, promediando el cuarto año de Gobierno, los cartistas presentaron miles de firmas pidiendo una enmienda constitucional que confirmaron el plan de reelección presidencial. El debate ya llevaba casi un año.

El intento fracasó, como el de Lugo y el de Nicanor. La grave crisis desatada por el intento reeleccionista deja grabada la imagen manchada por el asesinado del joven liberal Rodrigo Quintana tras el asalto por policías al local partidario del PLRA, así como la represión a ciudadanos que se manifestaban, que terminó en la quema del edificio del Congreso. El hecho trascendió las fronteras. Ante la presión, Cartes tuvo que recular, consiguiendo así otra y quizás la mayor derrota política. Durante este tiempo se vio salpicado por acusaciones, debido a su intervención en la crisis que mantuvo en vilo al Guairá, donde le “renunciaron” a su gobernador Rodolfo Friedmann, quien irónicamente juró como senador en vez de Cartes.

juramento. Ya fracasada la enmienda, Cartes fue por otro objetivo durante su último año de gobierno: imponer la candidatura presidencial de Santiago Peña, hecho que le valió el distanciamiento de gran parte de la dirigencia colorada.

El mandatario hizo una fuerte campaña durante meses en este último año de su Gobierno por Peña, apuntando toda su artillería a arremeter contra sus oponentes tanto de la oposición como de la disidencia, capitaneada por Marito Abdo. Finalmente este se llevó la victoria, haciéndole fracasar nuevamente al presidente, que quedó con el último objetivo: el de ocupar una banca como senador activo.

Para obtener la victoria en las generales, la ANR maquilló la unidad, con el propósito de asegurar la victoria en abril.

Ganó Marito la presidencia y Cartes obtuvo la victoria como senador al frente de la lista del Partido Colorado.

Para ocupar su curul, fiel a su estilo terco y pertinaz, Cartes buscó renunciar a su cargo de presidente y que el Senado acepte su dimisión para jurar el pasado 30 de junio.

Pero no contaba con que sus principales aliados para las elecciones, los integrantes de Añetete, le harían una mala jugada y no le dieron el cuórum que precisaba para que se le acepte su dimisión y por ende, quedó sin poder ocupar su banca, sumando así otra derrota política y generando un ambiente de crispación jamás antes visto durante un proceso de transición presidencial y un final de mandato con una imagen política del gobernante totalmente desdibujada.

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