Opinión

Carolina en el infierno

Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py

Alfredo Boccia PazPor Alfredo Boccia Paz

Sus próximos dos meses serán agitados y angustiantes. Si sale airosa, probablemente los recordará como los más trascendentales de su vida. Si termina mal, deberá olvidarse de cargos superiores en la Justicia, a los que aspira legítimamente. La doctora Carolina Llanes ha sido nombrada interventora del Municipio más conflictivo de la República y el que maneja el mayor presupuesto después de la capital.

Los cambiantes avatares de nuestra política fueron por fin favorables para que, en la Junta Municipal primero y en la Cámara de Diputados después, fuera posible una intervención esperada desde hace años. No es, pues, un acto administrativo común. Se trata de una ciudad gobernada desde hace casi dos décadas por una dinastía familiar poderosa, convertida en un imperio político y económico que manejó excluyentemente buena parte del Este del país. Durante años los Zacarías Irún eludieron con desdén las denuncias de malversación y los intentos de investigación mientras ostentaban una vida de viajes, fiestas y lujos.

Su omnipotencia llegó a ser tan desmesurada que pretendieron ultrapasar las fronteras esteñas y extenderse a todo el territorio. Fueron arrollados por el ascendente Horacio Cartes, quien les hizo ver que jugaban en una categoría equivocada. Luego de ese baño de realidad, los Zacarías, con gran juego de cintura, se convirtieron en los principales aliados de aquel a quien habían comparado con Al Capone y sugerido que era narcotraficante.

Carolina Llanes se encontrará con papeles, discursos y tensiones inherentes al fin de una era política y con una confrontación que significa un golpe en el páncreas de Honor Colorado. Sandra McLeod no se va a ir sin haber disparado su último cartucho de resistencia. Es que, al final del túnel puede estar la imagen del Buen Pastor. Apelará a todo lo que tiene aún al alcance: violencia en las calles y en la Municipalidad; ocultación de documentos, boicot y brazos caídos, caos en los servicios públicos. Apenas llegó, Carolina se encontró con Sandra paseándose orondamente en las oficinas, con hurreros en la calle y con una denuncia judicial en su contra por un motivo baladí. Intentarán destruirla moral y civilmente.

Carolina Llanes tiene la entereza para enfrentar estas presiones, pero deberá superar un obstáculo antipático. Enfrente tendrá a otros grupos que tampoco son santos. Los concejales ya mostraron sus ambiciones personales. La vida en Ciudad del Este no es en blanco y negro. Allí, en el medio de esa espeluznante puja de intereses, estará ella.

Fue un acierto que el Gobierno la haya nombrado. Tiene fama de persona íntegra y no tiene vida partidaria. La ciudadanía local, que tanto esfuerzo puso en conquistar el cambio, se merece un futuro mejor. Ese objetivo bien vale algunas semanas de vida infernal.

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