Opinión

Carajolandia

Arnaldo Alegre

Quizás algunos pocos se percataron de la ironía. Entre ellos obviamente no estaban tus asesores que pudieron haberte evitado el bochorno. Al día siguiente de que el narco Samura demostrase cuán fácil es matar policías y escapar de la ley en este antro de corrupción que, en un abuso de optimismo y amor al terruño llamamos país, te subiste cual boy scout tontamente entusiasta al carajo de una nave de la Armada. Y me quedó la sensación de que contigo estamos condenados a un castigo que no nos merecemos.

El Partido Colorado en su afán de perpetuar sus privilegios y seguir mamando impunemente de las tetas del Estado, en las últimas décadas ha colocado en la presidencia de la República a cada fantoche que solo de milagro no nos extinguimos hace décadas. Lamento decirte presidente que en tu primer año de gestión vos te ubicás en los primeros lugares en el catálogo de calamidades coloradas. Es más, y disculpa que te diga esto (por la importancia de tu trabajo y porque siempre espero cosas buenas para este país que amo), vos no clasificás ni para Pato Donald, siguiendo la frase cínica pero real de Luis María Argaña, otro que bien bailó.

Presidente, no das pie con bola. Te mostrás dubitativo, perdido, desesperado. Sobre todo te distraes en pavadas. ¿Qué necesidad había de mostrarte con una pistola en la cintura en medio de los incendios en el Chaco y después jactarte de que sos el comandante en jefe y que por eso andás armado? ¿Que necesidad había de nombrar a un cuestionado e inexperto en el Ministerio de Agricultura en medio de una severa crisis de seguridad, en la cual, para colmo de males, salís a defender al ministro encargado del área? Ni para la chacota da lo tuyo. Esto ya no es desastroso, es directa y terriblemente patético.

Pedís que se te deje trabajar en paz para culminar tus cuatro años de mandato. Dos cosas. Si querés paz, te equivocaste de trabajo. Además, tu mandato no es un yugo con el que debemos cargar como bueyes. Te recuerdo que hay mecanismos democráticos para forzar tu destitución, así como la del vicepresidente. (Por cierto, echale un ojo a este; está muy calladito, lo que lo vuelve más peligroso de lo que ya de por sí es).

Ya que inauguraste, adelantándote a la Navidad (quizás temiendo que no llegues a poner el arbolito en Mburuvicha Róga), la época de pedidos. Tenemos algunos requerimientos para vos.

Paso a enumerar. Antes que nada, dejate de esa relación homoerótica, llena de fascinación y menosprecio con Horacio Cartes. Un día le tratás de contrabandista, otro día decís que las obras que inaugurás son una continuidad de su labor presidencial. También terminá de una vez por todas de hacerles favores a los amigos que apoyaron tu candidatura cuando nadie creía en vos (bueno, tampoco te creen muchos hoy). Vos debés gobernar para todo un país, no solo para los que te ayudaron. Y, sobre todo, mostrá liderazgo. Las crisis marcan el derrotero de tu gobierno. No hay planificación, ideas, ni visión de futuro. Todos los cambios en tu Gabinete fueron productos de cataclismos políticos. Jamás hubo movidas para rectificar rumbos.

Espero que esto mejore. De que encuentres personas idóneas y probas, y que actúes como un líder democrático y eficiente. Si no, y me duele decir esto a un presidente con un solo año de gestión, creo que debés pensar en renunciar.

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