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Bosques modelo, el espacio verde iberoamericano de todos

En una sala rodeada de palmeras y árboles frutales se juntan representantes indígenas, del gobierno local y nacional, empresas y ONG, personas que tienen en común el sitio que habitan y cuidan, su bosque modelo.

EFE

Un bosque modelo es un espacio verde con un característico tipo de gestión, de modo que ciudadanos que viven en municipios o comunidades indígenas, instituciones, empresas, gobiernos locales y nacionales o asociaciones civiles deciden sobre lo que en él pueda ocurrir.

La gestión de un bosque modelo depende del tamaño del mismo, de si tiene muchos o pocos municipios, de si cuenta con muchos recursos naturales, escasez de agua, problemas de cambio climático o de si hay concesiones a empresas extractoras.

El presidente de la Red Iberoamericana de Bosques Modelo, Roger Villalobos, explica que se trata de plataformas de adhesión y participación "voluntaria y horizontal", en el que "un grupo de personas se reúne para tratar de mejorar la forma en que se gestiona un territorio".

En la actualidad, tras cerca de 20 años de trabajo, existen 33 bosques modelo repartidos por 15 países de la región iberoamericana, con el protagonismo de Argentina y Honduras, que tienen seis y cinco respectivamente.

Villalobos explica que estas mesas de concertación "siempre intentan lograr un consenso" al respecto de las cuestiones que tratan.

"Se trata de resolver conflictos, es una búsqueda de sinergias, nuestra filosofía reposa en ese elemento de búsqueda de concertación", dice antes de reconocer que "no siempre se coincide plenamente" pero asume que buscar acuerdos entre actores tan diferentes presenta siempre "un gran reto".

Pese a ello, tiene claro que "en los últimos años, los hombres tomaron conciencia de la importancia sus bosques" y confía en que "el diálogo y la concertación" sigan siendo "herramientas válidas" para gestionarlos.

"En los bosques iberoamericanos tenemos realidades muy diferentes, desde bosques templados en el extremo sur hasta los de las regiones tropicales y caribeñas que son ecológicamente diferentes con dinámicas sociales y culturales diferentes también", analiza.

En ese sentido apunta a que "hay diferencias muy grandes, pero también es interesante ver que hay elementos en común" como temas de "gestión del agua, restauración de matas boscosas que se perdieron, situaciones con minería o procesos de erosión de suelo".

Por su lado, Heraldo Escobar, del bosque modelo Los Altos de Guatemala, cuenta que ser parte de la red "aporta mucho" a esta área formada por ocho municipios y que tiene un foro en la que participan representantes civiles, indígenas, de la academia, del gobierno municipal y nacional y de la industria forestal.

Recuerda que la formación de la mesa de discusión propia del bosque modelo llegó tras varios años de contactos más informales entre los municipios y que, por ende, el paso posterior "se dio de manera natural".

"Nos organizamos en comisiones, hemos estado trabajando en el fomento del ecoturismo en los municipios, en la conservación, la reforestación y los incentivos para el aprovechamiento y el manejo forestal", describe.

Explica que, asimismo, el bosque está trabajando en la redacción de una agenda "de gobernanza forestal" algo que, a su juicio, "es aún más clave en un país como Guatemala, donde los recursos forestales tienen una gran importancia".

"Hasta el significado del nombre del país tiene que ver, quiere decir 'tierra de muchos arboles'. Hemos estado trabajando mucho en este tema, nos costó bastante porque hace falta un poco de voluntad política pero seguimos comprometidos y con mucha fuerza", asegura.

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