Opinión

Barreras

Raúl Ramírez Bogado – @Raulramirezpy

El caso del niño de 6 años que recibió tres balazos tras la persecución policial causó la indignación de la ciudadanía, y con justa razón. Resalta el mal actuar de los agentes, que violando la ley y su propio manual de uso de la fuerza dispararon contra un vehículo en movimiento sin ninguna justificación.

Ya numerosos juristas analizaron que no hubo delito alguno por parte del conductor del rodado y que las barreras eran ilegales y hasta inconstitucionales, salvo orden de juez o fiscal, en forma fundada.

Sin embargo, la cuestión a considerar también está en que los abusos policiales ya se dan desde hace mucho tiempo, y recrudecieron especialmente durante esta cuarentena sanitaria.

En principio, la ciudadanía fue justificando y hasta aplaudiendo que los agentes linces detuvieran a las personas y les hicieran hacer saltitos u otros castigos.

A esto se suma las numerosas denuncias de detenciones arbitrarias e injustificadas por los policías por la supuesta violación de la cuarentena. Lo peor es que, en pocas horas, estas personas ya eran imputadas por fiscales, la mayoría de las veces con los dichos de los uniformados.

No obstante, los aplausos de una gran mayoría de los ciudadanos, temerosos de la propagación del coronavirus más que nada, y ya afectados por el largo encierro, hicieron que los agentes se sintieran respaldados en sus malas actuaciones.

Estas acciones, violaciones sistemáticas de los derechos humanos, con abusos de autoridad y arbitrariedades, similares a los tiempos dictatoriales, justificados por el Covid-19, pasaron ya casi desapercibidas, y los pocos que denunciaban la situación eran destrozados en las redes sociales.

Es así que, ahora, ya a más de 80 días de la cuarentena, tenemos que se da un caso de esta naturaleza, donde la víctima es un niño de 6 años, herido en un procedimiento totalmente irregular.

Para mí, la lección a aprender es que no se puede dejar que las autoridades, los agentes estatales, encargados de aplicar las leyes y hacerlas cumplir, violen siquiera un derecho ciudadano porque después no tendríamos derecho a quejarnos.

Ahora todos protestan por lo ocurrido con el niño, pero debemos aprender a no dejar pasar ningún abuso de los derechos humanos para que sepan que estamos atentos a que no vuelva a suceder.

Si permitimos que haya torturas y abusos de parte de la Policía, hechos que se dan a menudo en nuestro país, damos pie a que los agentes se crean impunes, y continúen haciéndolo.

Justamente, esa impunidad que creen tener es lo que lleva a varios de ellos –no todos por supuesto, ya que hay muchos honestos– a cometer sus fechorías. Y, normalmente, son abusos en las detenciones, extorsiones, “aprietes”, como les decimos en forma coloquial.

Por eso es que muchos desconfían de las barreras porque se convierten en verdaderas trampas para la extorsión. De ahí que se les esquive en muchos casos, aunque varios digan que “quien nada debe nada teme”, pero se les tiene miedo.

Sería bueno también que estas acciones no sean respaldadas por los agentes del Ministerio Público, que la mayoría de las veces creen a ciegas lo que dicen los policías e imputan a las personas sin ningún sustento jurídico.

Pocos son los jueces que devuelven la imputación por no cumplir con los mínimos requisitos legales que deben cumplir los fiscales para imputar a las personas.

Es por ello que en este caso se debe actuar con el peso de la Justicia de modo que no quede impune lo ocurrido con el niño, porque existen varios precedentes de barreras que resultaron fatales.

De esta manera, no se puede dejar que se viole ni un solo derecho ciudadano, para que los agentes estatales no se crean impunes y abusen del poder que ostentan. Esa es la lección que debemos aprender de este triste episodio policial.

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