¡Ay, la inmunidad!
Carolina Cuenca

Acompañando a mi hija a un tratamiento médico nos alertan en el servicio de la enorme cantidad de casos de bajas defensas en los pacientes que entorpecen o debilitan frente a los tratamientos contra el dengue y otras enfermedades que deberían, en teoría, ser tratables con eficacia con los medios que existen hoy.

Hace pensar por qué tanta cantidad de personas con baja inmunidad, sin resistencia suficiente contra los agentes patógenos que los atacan.

Es hasta metafórico porque no solo en el campo de las afecciones corporales estamos así los paraguayos, necesitamos redescubrir, me parece, el camino sociocultural propio y autónomo que siempre nos ha hecho tan resistentes a los males que nos atacan como nación.

Como en el ambiente natural pululan los bichos cuando se dan las condiciones climáticas favorables a ello, así también el ambiente cultural puede generar las condiciones para que agentes tóxicos ataquen seriamente nuestro tejido social.

Las personas somos un todo, no podemos descuidar el cuerpo ni tampoco la mente ni la moral porque todo está conectado. Entonces, la pregunta es ¿será que los adultos encargados de transmitir los principios y estilos de vida sanos y probadamente eficaces estamos cumpliendo nuestra tarea educativa?

Ante tanta violencia que escuchamos y vemos, tantos desencantos, confusiones, mentiras y manipulaciones, algunos optan por aislarse completamente o alienarse. Es una tentación con alto precio porque las personas somos gregarias por naturaleza y el ais- lamiento excesivo también enferma. Pero como el cuerpo tiene una inmunidad innata por la que ejerce de oficio la defensa natural, también el organismo social que conformamos tenemos el sentido común, la razón y los valores morales para combatir los males de la corrupción, la indiferencia, el consumismo materialista, el cinismo, la hipocresía, y también nos alertan cuando nos quieren hacer pasar gato por liebre con ciertas ideologías dañinas que atentan contra nuestra naturaleza.

En materia de la inmunidad adquirida, la medicina combate en algunos casos a los agentes externos portadores de enfermedades con una táctica algo paradójica, pero muy interesante: no cierra por completo el acceso a los agentes patógenos, sino que les facilita una entrada controlada, así garantiza que el cuerpo se capacite y cree anticuerpos entrenados para resistir la enfermedad.

Es una tarea de todos generar las vacunas culturales apropiadas que permitan a nuestros niños y jóvenes, en su libertad, asumir la vida con todos sus factores constitutivos, elegir lo bueno, rechazar lo tóxico y hacerse cargo de lo que eligen mediante un uso adecuado de su inteligencia y voluntad. La inteligencia nos ayuda a distinguir, discriminar, discernir lo bueno de lo malo. La voluntad nos empuja hacia la verdad y el bien que descubrimos.

Está claro que cuando hablamos de inmunología pensamos en defensas. Pero, mucho ojo, también hay otra acepción de la palabra inmunidad, y es la de "privilegio por el cual ciertas personas quedan libres de determinadas obligaciones, deberes, servicios, cargas o penas". En este sentido, la inmunidad es necesaria en ciertos casos controlados, como la inmunidad diplomática o parlamentaria, pero no puede abusarse de ella para cometer acciones dañinas sin esperar consecuencias.

Otra vez volvemos al tema del discernimiento y de la educación integral como un medio para despertar el sentido común, la razón y la libertad con responsabilidad.

No es el Estado, cuyo rol es subsidiario, sino los padres con ayuda de los otros educadores de la comunidad quienes debemos asumir en primer lugar este gran desafío.