Opinión

Aún pueden aprender

Por Mario Rubén Álvarez alva@uhora.com.py

Mientras Arnaldo Samaniego muestra muy clara la pelí- cula de lo que va a poner en marcha -hay que ver si al término de su mandato ejecuta y termina al menos el 50 por ciento de sus ambiciosos proyectos- en sus 100 primeros días de trabajo en Asunción, la mayoría de los intendentes de los 237 municipios restantes no tienen ni la más remota idea de por dónde van a comenzar a gobernar sus municipios.

Muchos de ellos van a recibir sus intendencias convertidas en escombros, sin recursos económicos y sin siquiera obras inconclusas que permitan a los recién llegados terminar lo que sus predecesores iniciaron. Y a esa desolación, los que asuman sus cargos el 7 de diciem- bre le van a agregar -salvo los que cayeron en el mismo lugar gracias al rekutu- su absoluto desconocimiento de administración municipal.

Las cajas de algunas municipalidades están más que en rojo. Y no es precisamente porque un colorado lo esté abandonando -porque hay también liberales muy "aventajados" en vaciar las arcas comunales-, sino por- que no quedan fondos para enfrentar los dos últimos meses del año.

Lo más trágico, en materia de resultados, es que no hay dinero, pero tampoco quedan rastros de obras, para decir que se gastó a favor de la gente.

La conclusión es clara: oho sakohûme; léase: fue a parar al bolsillo del intendente, tal vez algunos concejales cóm- plices y acaso alguno que otro fuera de ese círculo.

Hay intendentes que en su rendición de cuentas han hecho figurar como que hubo desembolsos a favor de es- cuelas, de capillas, de centros comunitarios y proyectos ve- cinales. Sin embargo, a la hora de verificar si las asignacio- nes llegaron a destino, se comprobará que están en los papeles, pero no en el terreno.

No solo eso: algunos han llegado al colmo de hacer aparecer como obras que contaron con el apoyo comunal emprendimientos privados que ni por asomo recibieron plata para su ejecución.

Ante esta situación, lo primero que se impone es una auditoría -de la Contraloría General de la República o privada- para saber en qué se usaron recaudaciones co- mo el 70 por ciento que proviene del Impuesto Inmobi- liario local o los recursos originados en los royalties de Itaipú Binacional.

Si se comprueba en la Justicia que los intendentes sa- lientes han usado con fines particulares el bien público, defraudando la confianza del pueblo, tienen que ir a la cárcel. La larga tradición de impunidad es la que alienta a los sinvergüenzas a seguir robando. Si no hay castigo, se- guirá en vigencia el hábito de utilizar las intendencias co- mo tiendas o almacenes particulares.

Mirar hacia atrás es tan imprescindible como plantarse para enfrentar el futuro inmediato. Si aquello es más que necesario para que los ladrones no disfruten de la fortuna amasada, esto es de relevancia esencial: a los intendentes se los elige para que modifiquen el actual estado de cosas de sus comunidades y lideren un cambio positivo en be- neficio de los distritos a los que pertenecen.

Cuanto más pobres son los municipios -aquellos de tercera y cuarta categorías, con 9 concejales, según esta- blece la Ley Orgánica Municipal-, más pobres en ideas también son sus autoridades nacidas de las urnas. Mi- rando la preparación de los electos, sus experiencias de vida y, en general, su capacidad de gestión, se nota que en la mayoría de los casos ni olla jurúpe nde'íri "o".

Aquellos que no saben qué harán en sus tres meses y diez días primeros de gestión, tampoco conocen qué rumbo tomarán en cuatro años y un poco más de gobier- no. Si bien prometieron soluciones a los problemas, esta es la hora en que no cuentan con proyectos mínimos, planificados y posibles de ejecución.

Hay todavía tiempo, sin embargo. Los intendentes tie- nen tiempo para contratar técnicos y planificar el desarrollo de sus comunidades. Lo único realmente grave sería que terminaran sus mandatos sin haber hecho nada a favor de la gente que algo espera de ellos.

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