Correo Semanal

Apuntes al filo de la pandemia

 

Sebastián Peña Escobar

Desde que Marshall McLuhan acuñó el término “aldea global” (global village) en la década del sesenta, no ha ocurrido un evento tan estrictamente global como el que estamos viviendo hoy.

Hasta ahora –a excepción del sitio en donde ocurrían físicamente– los eventos globales fueron siempre puramente mediáticos, es decir, acontece algo en algún lugar del mundo y, dependiendo de su significancia dentro la cultura de consumo global, tienen una determinada expansión y alcance.

Aparentemente, el evento televisivo más visto de la historia fue el funeral de Michael Jackson, que lo vieron alrededor de 2.500 millones de personas. Si tenemos en cuenta radio, prensa y redes sociales, digamos que más de la mitad del planeta se enteró de este acontecimiento.

En el caso que nos toca hoy, en un momento de máxima ubicuidad de redes sociales, no me sorprendería que el 90% o más del planeta esté al tanto de lo que ocurre. Ahora bien, la diferencia con la pandemia del coronavirus es que está ocurriendo física y mediáticamente, al mismo tiempo, en prácticamente todo el mundo.

Se trata de un acontecimiento que nos toca a todos de manera concreta, virtual y simultánea.

LA CAÍDA DE UN ASTEROIDE

Algo de esta magnitud solo podría compararse con la caída de un asteroide, con una invasión extraterrestre o, más tangiblemente, con algunos de los efectos más extremos del cambio climático.

Por ejemplo, los científicos nos lo vienen diciendo desde hace 50 años, pero volvámoslo a decir: un aumento drástico del nivel del mar es muy factible, más aún en las condiciones actuales del calentamiento global. ¿Se imaginan la escala de esta catástrofe? Cientos de millones de personas migrando hacia el interior de todos los continentes. De esto sí se enteraría y tendría que lidiarlo en carne propia todo el mundo. Aunque los procesos que podrían hacer factible una situación como esta continúan en marcha, y creciendo en escala, aquello sigue siendo una inminencia que tal vez podría ser evitada. En este sentido, la reacción internacional contra el coronavirus serviría para detener la pandemia, pero también podría servirnos como simulacro de un modo de organizarnos a gran escala para evitar otras inminencias globales.

INICIATIVAS ANTE LA PANDEMIA

A ver. La ola del coronavirus puede llegar a ser un tsunami, pero también puede terminar rompiéndose contra la arena y desaparecer como una marea que se retira. Esto es totalmente factible y al parecer la humanidad está tomando nota.

La noticia de este fenómeno ha llegado a todas las casas del mundo y por primera vez parecería que una ciudadanía global, organizándose y haciendo un esfuerzo mancomunado simultáneo, podría tomar control sobre una situación de esta magnitud.

Es posible, y hay algunos indicios de que podríamos estar tomando ese camino. Y no me refiero solamente a los protocolos sanitarios, a las medidas de seguridad a nivel internacional, a los paquetes de salvataje económico y demás acciones que están tomando muchos gobiernos.

También me refiero a las incontables iniciativas de individuos y grupos en todo el mundo que están generando micro acciones –que se vuelven a veces virales– y que están propiciando un clima de solidaridad, optimismo y empatía. Es como si se estuviese despertando un inconsciente colectivo planetario, que acaba de darse cuenta de que piensa, existe y tiene chances de obrar en el ámbito de lo concreto.

Este eventual despabilamiento de la humanidad podría tener consecuencias positivas en relación con el futuro de la vida en la tierra.

FORTALECER LA ESFERA PÚBLICA

Todos habrán leído algunos de los miles de tuits, posteos, videos y artículos que circulan en redes sociales, y que dan cuenta de reflexiones sumamente interesantes sobre lo que está pasando. Desde abordajes que parten de la literatura y la filosofía, hasta análisis que rescatan conceptos antropológicos, sociológicos y políticos.

Creo que algunos de los más interesantes son aquellos que señalan un claro despertar en relación con la absoluta necesidad de fortalecer la esfera pública, las políticas de Estado y los procesos democráticos.

La pandemia y la cuarentena han forzado medidas públicas que antes del coronavirus parecían imposibles: la rapidez y decisión con que algunos gobiernos pusieron a disposición de la gente recursos básicos e incentivos socioeconómicos que, en circunstancias “normales”, una voluntad política fantasma los pospone indefinidamente; o los que cuentan cómo empresas privadas han decidido posponer el lucro bajando sus precios y ofreciendo servicios que ayuden a la gente a quedarse en sus casas; o los reportes que señalan que el nivel de emisiones a nivel mundial han bajado drásticamente y que ciudades típicamente con alta polución por esmog hoy están irreconocibles por la calidad del aire.

No solo nos estamos dando cuenta de los “otros” posibles efectos del coronavirus, sino por, sobre todo, estamos comprobando que es posible lograr acciones de gran magnitud, que se las puede poner en práctica con bastante expedición y que los resultados pueden llegar a ser sorprendentemente inmediatos.

En lo sucesivo, darnos cuenta de esto podría ser crítico. Más pronto que tarde, tendremos otros enormes desafíos entre manos. Todos los indicadores señalan que en el corto plazo nos enfrentaríamos a una fortísima recesión mundial, posiblemente más dañina que el propio virus.

La viralidad del Covid-19 trascendería el ámbito estrictamente epidemiológico para instalarse en otros cuerpos: los sistemas socioeconómicos.

De nuevo, se trata de un peligro inminente, pero también de la oportunidad de socavarlo con otro gesto de comunidad global, profundizando la presente experiencia de hacer las cosas de manera diferente, promoviendo una escala de valores humanos en los que la solidaridad y la empatía estén en primer lugar.

Por otro lado, está la posibilidad de que los estados de excepción que genera un evento como este –con el cierre de fronteras, restricciones a la movilidad y reunión de las personas, etc.– tienda a facilitar una configuración totalitaria del mundo.

Lastimosamente, también hay indicios al respecto. Con mayor razón, una ciudadanía global súbitamente autoconsciente podría movilizar fuerzas que contrarresten procesos autoritarios en ciernes.

AUTOCONSCIENCIA PLANETARIA

Cuando la ola del coronavirus esté en retirada, espero que una de sus más imborrables secuelas sea el despertar de esa suerte de autoconsciencia planetaria.

Librada a su pensamiento y acción, bien podría convertirse en el disparador para que la sociedad humana finalmente encuentre la manera de parar la pelota, de resetearse, y, tal vez, de empezar a caminar hacia otras formas de relacionarse consigo misma y con la tierra, de la cual es solo una mínima expresión.


Ensayos

Este eventual despabilamiento de la humanidad podría tener consecuencias positivas en relación con el futuro de la vida en la Tierra.

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