Editorial

Ante el peligro del dengue, la mejor alternativa es la prevención

Con las altas temperaturas que arrecian a mitad de la primavera y el panorama similar que se prevé para el verano, la posibilidad de que los casos de dengue, existentes hasta ahora, se eleven cinco veces más es un peligro que acecha. Es necesario, por lo tanto, que el Ministerio de Salud Pública (MSP) le dé más fuerza y operatividad a su estrategia de concienciación y coordinación interinstitucional y que la ciudadanía se sienta involucrada en la campaña de lucha frontal contra el mosquito Aedes aegypti, que también transmite chikungunya, zika y fiebre amarilla. La experiencia de años anteriores ha demostrado que la acción estatal sin cooperación comunitaria carece de resultados favorables.

Sin que todavía haya llegado la estación de mayor calor, las elevadas temperaturas son ya un cotidiano azote para los habitantes de nuestro país. Esta realidad, entre otras cosas, trae consigo la agresiva presencia del mosquito transmisor del dengue y otras tres enfermedades.

Está demostrado que el método más eficaz de combate al insecto volador propio de países tropicales es la limpieza. Desafortunadamente, esa virtud no está lo suficientemente extendida en el Paraguay.

Lo que reina en gran parte del territorio y forma parte de la cultura es el descuido de ese rasgo fundamental para conservar la salud.

Por esa razón, la lucha contra el vector del dengue se vuelve mucho más ardua y los resultados no son siempre los esperados.

En lo que va del año, hasta fines de octubre, al MSP se le han reportado casi 10.000 casos de sospechas de dengue, de los cuales 634 han dado positivos en los análisis laboratoriales. De acuerdo con estas cifras, los posibles casos de esa enfermedad pueden trepar a 50.000 y los confirmados a unos 3.000 en el verano que se avecina.

Ante esa realidad, el MSP estableció una estrategia de lucha de la que también, desde la esfera del Estado, forman parte el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) y la Fiscalía General del Estado, entre otras instituciones.

El mecanismo de lucha es la visita casa por casa para revisar si existen criaderos de mosquitos en planteras, estanques de agua, neumáticos abandonados o recipientes de la casa.

Ese medio es de dudosos resultados, primero por la lentitud y, segundo, por la imposibilidad material de llegar a todos los hogares o que todos los hogares reciban a los que desean ingresar a realizar las verificaciones en los domicilios particulares.

De esto se deduce la trascendencia de la participación ciudadana tomando conciencia del peligro existente y pensando que en cualquier momento uno puede ser la víctima del mosquito, pudiendo incluso fallecer. Esa toma de conciencia tiene que traducirse en la limpieza minuciosa de las casas y los baldíos –esto para los propietarios de terrenos sin edificación– sin necesidad de que funcionarios del MSP y voluntarios entren a realizar las inspecciones en los hogares. O que los fiscales activen los mecanismos para castigar a los infractores que atentan contra la salud del vecindario.

A todo ello, la institución encargada de implementar la política pública de esta situación debería agregar campañas masivas a través de los medios de difusión instando a los vecinos a ser protectores de su salud siguiendo las instrucciones que se les comunica.

El dengue es un peligro real. Ha matado gente y lo seguirá haciendo si es que no se toman a tiempo las debidas precauciones. No hay que esperar que enfermen los vecinos o algún familiar. Con suficiente antelación, eliminando las aguas que pueden servir de criaderos, los lugares sucios y las malezas, hay que ponerle freno. Algo puede hacer y hace el MSP, pero la colaboración ciudadana es esencial para que la picadura del Aedes aegypti no se convierta en otro doloroso capítulo de la historia del país.

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