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Anchorage, la gran ciudad y motor de Alaska, cumple 100 años

En plena temporada del sol de medianoche, Anchorage, la gran ciudad más septentrional de EE.UU. y la mayor de Alaska, celebra este mes su centenario, en el que recuerda su evolución desde que se fundó en 1915 como un campamento para la construcción de un ferrocarril.

EFE

La construcción del Alaska Railroad, entre 1915 y 1923, que conectaba el puerto de Seward en el sur con el interior del territorio de Alaska, buscaba facilitar el transporte de oro y pasajeros.

Cien años después, Anchorage se ha convertido en una vibrante y moderna ciudad de más de 300.000 habitantes, que supone casi el 40 por ciento de la población total de Alaska, eje del sector petrolero procedente de los ricos campos en la inhóspita costa norte y nodo de conexión global en el transporte aéreo internacional.

De hecho, el aeropuerto Ted Stevens de Anchorage es el tercero con mayor tráfico de carga del mundo, gracias a su privilegiada situación geográfica entre Asia y América.

Con todas las comodidades de cualquier gran urbe estadounidense, Anchorage disfruta de un clima relativamente moderado para lo septentrional de su latitud, por encima de otras grandes ciudades como Oslo, Estocolmo o Helsinki.

Solo está superada por Reikiavik, y está rodeada por alguno de los paisajes geográficos más deslumbrantes de Norteamérica, con el imponente Monte McKinley (o Denali, como lo llaman los alaskeños) al fondo.

"¿En qué otra ciudad te encuentras constantemente con alces, o puedes ir a hacer esquí de fondo directamente desde la puerta de tu casa?. Estas son cosas realmente únicas y tienes que llevar mucho tiempo aquí para que olvides lo increíble que es este sitio", indica Charles Wohlforth, historiador local en su libro sobre la ciudad From the Shores of Ship Creek.

La ciudad está volcada en la naturaleza y gran parte de los alaskeños cuentan con avionetas particulares, aparcadas en los numerosos lagos de Anchorage, para sus escapadas de fin de semana al interior del Estado.

Cuenta, además, con una gran diversidad racial, donde los blancos solo representan el 60% de la población, y unas crecientes e importantes comunidades latina, nativa americana y asiática, en torno al 8%, cada una.

Como consecuencia, restaurantes mexicanos, italianos, tailandeses, hawaianos y rusos, además de las ubicuas cadenas de comida rápida estadounidense, pueblan las calles del centro de la ciudad, y compiten con el otro orgullo grastronómico de Anchorage: los puestos callejeros de "hot dogs" de carne de reno.

En el siglo de historia de Anchorage, no obstante, hay un antes y un después con la década de 1960.

En 1964, un enorme terremoto de más de 9 grados en la escala de Richter sacudió y destrozó gran parte del centro histórico de la ciudad; y en 1968, se confirmó el hallazgo de grandes reservas de petróleo en la costa norte, en la bahía de Prudhoe.

Estos dos acontecimientos provocaron una revolución en la ciudad y todo el Estado al pasar rápidamente a convertirse en centro financiero y energético.

Además y llevó al gobierno estadounidense a desarrollar varias bases militares permanentes destinadas a garantizar el suministro energético y su seguridad, más tarde fundidas en la ingente Elmendorf-Richardson con una población de más de 10.000 efectivos.

Aunque este auge no ha venido sin condiciones, como se constató con la gran crisis de mediados de los ochenta con la abrupta caída de los precios del petróleo, que sumió en una aguda recesión a la economía de Alaska.

"Estamos un poco a merced del Pentágono. Como economía no podemos abandonar el petróleo y las bases militares al mismo tiempo. Eso significaría en la práctica apagar las luces", reconoce Wohlforth. 

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