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Ana María, la maestra justiciera de los docentes retirados

Ana María Ayala fue maestra durante 40 años. Cuando decidió retirarse para un justo descanso, se fue con las manos vacías, al igual que los miles de docentes retirados de colegios privados a quienes el Estado no reconocía como jubilados. Ella decidió luchar hasta que lograran una justa gratificación.

Después de 40 años dedicados a la enseñanza, Ana María Ayala se retiró de las aulas, con una caja cargada de anécdotas, historias, y con la satisfacción de ver a muchos de sus ex alumnos y ex alumnas cumpliendo sus sueños.

Pero tal dedicación no podía verse retribuida económicamente, no tenía derecho a disfrutar de sus años de descanso con una jubilación digna, como cualquier trabajador. Ana María pertenecía a ese excluido grupo de docentes de instituciones educativas privadas, invisibles para el sistema.

Los caballos se jubilan y nosotros no podíamos jubilarnos.

La profe fue una de las principales gestoras de la creación de la Ley 4370, que garantiza la jubilación de educadores de instituciones privadas.

Hija de docente, madre de otros cinco profesionales que también se dedican a la enseñanza, la mayor de 10 hermanos, esposa y abuela. Su familia siempre fue el pilar más importante de su vida, y la animó a luchar por lo que consideraba justo.

Siempre estuve en las luchas estudiantiles, en el trabajo con las comunidades, así que ahí empecé a inquietarme.

Sin saberlo, ese desconocido sentimiento fue el inicio de una lucha que, en semanas más, llegará a su fin.

profesora Ana María docente
Ana María se convirtió en un referente de lucha para sus compañeras docentes.
Ana María se convirtió en un referente de lucha para sus compañeras docentes.

Entre colorados y liberales

En 1974, cuando tenía 18 años, llegó su primera oportunidad de estar en aula. Fue nombrada docente en la Escuela Profesora Silvia Miranda de Cueto. La contrataron un jueves, se presentó al día siguiente, pero, a las dos horas de haber llegado, le anunciaron que quedaba cesante.

“El presidente de la Seccional lo ordenó, porque dice que la hija de un caudillo liberal no puede trabajar en una escuela de su zona”, le informaron. Le solicitaron que sea ella misma quien presente su renuncia.

“Agarré todas mis cartulinas y me fui caminando hasta mi casa, porque ni para mi pasaje tenía”, recordó con tristeza.

Pero la suerte estaba de su lado. También era catequista. Ese domingo, el padre Ramón Sastre, párroco de la Iglesia Trinidad, la citó para ir a su oficina al día siguiente. El religioso era también director del Colegio Técnico Javier.

La profe Ana María , ejemplo de lucha y resistencia

“No tenía idea de qué cargo me iba a ofrecer el padre. Llegué y me llevó hasta un aula. Me dijo que ahí estaban mis alumnos. Tenía 40 niños en el primer grado”, recordó entre risas. Confesó que sintió miedo, lo que también fue la primera señal de que estaba en el lugar en el que siempre quiso estar, frente aquella gran pizarra.

Así comenzó su carrera educacional en colegios privados, donde conoció historias similares a la de su madre, maestras que, tras años de trabajo y dedicación, no podían acceder a la jubilación.

Antes nos retirábamos, no nos jubilábamos, a las maestras se les echaba porque estaban muy viejas. Los colegios más grandes pagaban indemnización, pero tampoco compensaba.

Hecha la ley, hecha la trampa

La nueva legislación, que fue aprobada en el 2011, abolía lo establecido en la carta orgánica del Instituto de Previsión Social (IPS) que solo permitía a las instituciones educativas privadas el pago por salud de sus docentes, no así por jubilación.

Los requisitos fundamentales para acceder a la jubilación, a través de un subsidio del Ministerio de Hacienda, eran tener 60 años de edad, haber aportado por salud durante 25 años o más y haber nacido antes 1975.

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“Estábamos felices, nos incluía”, contó Ayala. Si esta ley era aprobada, el beneficio sería para los que se habían jubilado recientemente y regiría para los profesionales del futuro.

Después de cinco años de idas y vueltas, por fin anunciaron que la legislación ya estaba activa. Sin embargo, por negociaciones con un gremio del sector con las autoridades locales, según explicó la maestra, excluyeron a los retirados.

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<p>La lucha de los docentes retirados de colegios privados se concret&oacute; en el 2011 y en el 2016.</p>

La lucha de los docentes retirados de colegios privados se concretó en el 2011 y en el 2016.

“Le agregaron un inciso a la ley, que era estar activo a la fecha de promulgación. La ley se aprobó en julio del 2011, yo me jubilé en febrero de ese año”, relató.

“Pataleamos. Otros bajaron los brazos. Yo no me quedé contenta”, manifestó, por lo que desde ese momento la lucha se redujo a 156 docentes que quedaron fuera.

La excusa era que éramos como 2.000 retiradas jubiladas, pero solo fuimos 156. IPS nunca se negó a pagar, Hacienda era el problema”, recordó.

Un final feliz

Gracias a la ayuda de abogados constitucionalistas y parlamentarios, lograron destrabar aquella, nuevamente excluyente, ley. “Nos llevó un año sacar el inciso, cuando cambió el gobierno recién pudimos”, apuntó.

Cada miércoles, estaban sentadas en algún pasillo del Congreso, esperando que su pedido sea tratado por los legisladores. Eran 40 ex maestras que luchaban sin parar, llevando la voz de sus compañeras que, por su avanzada edad, las podían acompañar solo desde sus casas.

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“Fue un proceso simpático, porque las mayores no sabían usar el WhatsApp, no tenían celular, y después, para cada cosa tenía que avisarles al celular de los hijos, que, por lo visto, se hartaron de tener que avisarle a sus mamás y les regalaron para sus celulares”, destacó sonriente, como culpable y satisfecha por haber sido la causante de estos cambios a nivel familiar.

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<p>Las maestras de instituciones educativas privadas llegaban a trabajar hasta cerca de los 80 a&ntilde;os, por no contar con jubilaci&oacute;n.</p>

Las maestras de instituciones educativas privadas llegaban a trabajar hasta cerca de los 80 años, por no contar con jubilación.

Con una sonrisa alegre y jovial, con el espíritu intacto, y la satisfacción de estar luchando por las causas que abraza, la profesora Ana María comentó que todo el proceso iniciado en el 2011, finalmente, culminará.

La cartera estatal liberará los fondos para el pago de subsidio retroactivo desde noviembre del año pasado para las 156 maestras que habían quedado excluidas de la nueva legislación.

Ana María pide a la nueva generación de educadores que no olviden la importancia de la labor que realizan, que tienen en sus manos el futuro de miles de niños, niñas y adolescentes del Paraguay. Y que no olviden escucharlos, observarlos y ayudarlos siempre.

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