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Al pa’i Cristóbal lo convirtió la devoción mariana del Paraguay

 

Vivió desde 1984 al 2002 en Paraguay. La religiosidad popular y la devoción mariana hacia la Virgen de Caacupé lo conmovieron al punto de abrirle nuevas perspectivas en su ministerio sacerdotal.

Esto expresa el pa’i Cristóbal López, salesiano español, naturalizado paraguayo, electo cardenal por el papa Francisco, en diálogo con ÚH desde la ciudad de Rabat, Marruecos.

Atesora los mejores recuerdos de su misión pastoral en el país. Desde que se fue, hace 17 años, asegura que usa jabón de coco y viste camisas de ao po’i (le regalaron 27 prendas).

“Hoy mismo llevo una camisa paraguaya”, cuenta entre risas. “Tengo que decirlo también, que sigo lavándome todos los días con jabón de coco, llegado desde el Paraguay, porque lo aprecio mucho. Y tengo en mi mesilla de luz un tarrito pequeño, un frasco de barro, lleno de tierra paraguaya que una amiga me regaló y es tierra del Oratorio de San Luis, de la cancha donde había mucha arena”, señala de la parroquia donde estuvo durante 18 años.

Lo único que no conserva es la chipa, “porque cuando me la regalan me la como”, se ríe. Pero lo más importante que se llevó –dice– es la amistad, el cariño de muchas personas.

“Entre los 5.000 amigos que Facebook me permite tener y que ya no puedo aumentar, creo que al menos 3.000 deben ser paraguayos y los recuerdo uno por uno con mucho cariño”, comenta.

Rebobinar sus casi dos décadas de misión en el país le resulta un tanto difícil. “Pero tengo que decir que Paraguay a mí me convirtió. Es decir, me abrió la mente y me hizo apreciar algo tan valioso como la religiosidad popular. Me ayudó a descubrir el valor que tiene la devoción mariana, las prácticas populares religiosas como un novenario o como una procesión”, confiesa.

Por ejemplo: “Vivir el servicio al peregrino en Caacupé y ver esas columnas inacabables de peregrinos que caminan viniendo de bien lejos y que llegan al Santuario. Ver esos 25 a 40 sacerdotes confesando al mismo tiempo durante toda la noche, durante horas y horas y la cola nunca se acaba”, recuerda su experiencia con la fe mariana.

“Eso para mí fue una novedad total y desde que lo viví, en el primer año, nunca quise perderme ese acontecimiento; viviéndolo desde el servicio a los peregrinos, desde la atención sacerdotal a quienes se acercaban a recibir el perdón y la eucaristía”, rememora.

Cardenal. Hace año y medio fue ascendido a obispo y como arzobispo de Rabat afronta un desafío diametralmente distinto. “Aquí la situación es completamente diferente a Paraguay. Por eso, para mí venir a los 50 años a un país donde el islam es mayoritario, donde se hablan otras lenguas que no conozco, donde no conocía a una sola persona, pues supuso un nuevo nacimiento”, refiere.

En Rabat recibió al Papa y entablaron una distendida charla durante un buen rato. “Seguramente porque le expliqué que estuve en Paraguay y él quiere mucho al Paraguay; también porque nuestra lengua materna es el castellano hicimos buenas migas”, revela y le pone paños fríos a su reciente nombramiento de cardenal.

“En realidad, ni Chile ni Argentina ni Brasil ni ningún país tienen cardenales. Los cardenales son de la Iglesia, son del Papa, no son de ningún país. Pero, comprendo que afectivamente mucha gente haya sentido una alegría”, dice y postula que “el Papa con mi nombramiento ha querido reconocer el esfuerzo y la vivencia cristiana de las iglesias del norte de África y reforzar el diálogo interreligioso, concretamente, islamo-cristiano”.

Experimentar con qué fe la gente se acercaba a la Virgen de Caacupé durante todo el novenario. Eso para mí fue una novedad total.

Hay que pasar por encima de las fronteras y de las nacionalidades y ver el conjunto de la Iglesia como comunidad universal católica.

Preparó la visita de Juan Pablo II
El pa’i Cristóbal López fue cura párroco en María Auxiliadora, en Don Bosco y Humaitá. Llegó el 15 de octubre de 1984 y se quedó hasta el 30 de octubre de 2002. Tuvo la ocasión de preparar –junto a un comité central– la visita del papa Juan Pablo II en 1988. Eso lo marcó porque conoció todas las diócesis y las congregaciones religiosas del país. Fue director de Radio Cáritas, del Semanario Sendero y fue corresponsal del diario Última Hora en un congreso de obispos en Santo Domingo, República Dominicana, en 1992, y luego en el encuentro eucarístico internacional de Sevilla, en 1993.

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