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Al consumidor le sale más caro fumar crack que alimentarse

Niños y jóvenes trabajadores de calle llegan a ganar hasta G. 200 mil por día, dependiendo de las horas de actividad. Casi todo lo destinan a comprar chespi. Son víctimas de la adicción, que puede más que la razón.

Por Patricia Figueredo

pfigueredo@uhora.com.py

"Yo sé que por 10.000 ya puedo comprar un lomito o algo para comer, pero mi cuerpo me pide consumir el crack, por eso gasto mucho. La comida no te hace sentir lo mismo que esa porquería".

Con estas palabras se sincera Marcos (nombre ficticio), un joven de 17 años que desde hace varios años consume todo tipo de drogas, y ahora gasta diariamente un monto mínimo de G. 150.000.

Empezó con la marihuana y luego fue a la cola de zapatero, refugiándose al final en la adrenalina y excitación que le da el crack o también llamado chespi.

Esas pequeñas piedritas que son el residuo de la cocaína y que se fuman en rústicas pipas, llevan a Marcos a un mundo en el que se combinan las largas horas de trabajo e incluso los robos para alcanzar el monto que necesita para comprar "mi vicio", como él mismo lo define.

El chico dice en todo momento que quiere librarse del infierno que representa esta droga, porque reconoce el mal que le ocasiona al cuerpo y además el gasto que representa para su bolsillo.

La soledad es algo que también marca la vida del joven, pues por más que comparta horas y horas en la calle con sus amigos limpiavidrios o vendedores, a la noche le aguarda una pieza apartada de su casa en la que duerme -si es que llega-, sin siquiera hablar con sus familiares.

"Desde que me metí con este tema de las drogas, más aún el crack, mi familia está en mi contra, y cuando me voy a casa directo entro a mi pieza, que está aparte", comenta con pena.

El fantasma que acecha cada día a los jóvenes o niños que consumen drogas es el proveedor, que con facilidad y frialdad criminal les entrega aquello que "sus cuerpos piden".

Todos tienen a pedir de boca a un vendedor, que muchas veces es quien les complica cuando deciden apartarse del consumo.

"Conozco los lugares donde se vende. Cerca de casa hay, y así, para mi es difícil salir de las drogas", reconoce mientras insiste en que quiere entrar a la Unidad de Desintoxicación Programada (UDP), para empezar con el proceso de rehabilitación. Y añade: "ko'â la ñanembopirupáva, mañamína (esto es lo que nos deja flacos, fijate)".

Los lugares donde se encuentran estos grupos más vulnerables son Luque, Ñemby, Plaza de las Américas, Ricardo Brugada, 4 Mojones y Calle Última.

Otra historia, pero no tan diferente a la de Marcos, es la que vive Juan (nombre ficticio), quien también dedica horas de su día a trabajar en la calle para mantener a su familia y pagarse los gramos de crack.

Él, a diferencia que Marcos, aún mantiene un vínculo familiar más fuerte, aunque la relación no es del todo armoniosa, según sus comentarios.

"Si no consigo el dinero que necesito, directamente robo. No tengo armas, solo les asusto a los muchachos apretándoles y les pido el celular", confiesa Juan.

Sostiene que muchas veces no hay necesidad de ingerir ningún estupefaciente para realizar los asaltos. "Sanoité hacemos", dice. Al igual que Marcos, el joven tiene deseos de cambiar y aseguró que irá al refugio que le ofrece la Secretaría Nacional de la Niñez y la Adolescencia (SNNA), mediante el Operativo Invierno que se inició ayer.

INICIÓ EL OPERATIVO INVIERNO

Desde las 17 de ayer estuvo abierto el patio refugio de la Secretaría Nacional de la Niñez y la Adolescencia (SNNA), más conocido como Cenadi (Detrás del hogar Santa Teresita, sobre Eusebio Ayala casi Choferes)

En el primer día del Operativo Invierno, los educadores de la Secretaría abordaron a los niños y adolescentes que están en situación de calle, a fin de darles un lugar donde pasar la noche.

El plan pretende dar merienda, cena y desayuno, respectivamente. A las 7 cierra el refugio para reiniciar la actividad a las 17. No obstante, se continúa con el acompañamiento en calle.

Jorge Amarilla, educador de calle de la SNNA del Programa Painac, comentó que los equipos de educadores trabajarán las 24 horas de lunes a lunes hasta el 28 de agosto.

El acompañamiento en calle es a fin de crear un lazo con los chicos y en caso de que estos consuman algún tipo de drogas, ayudarles en el proceso de rehabilitación y recuperación.

"De día les llevamos leche, algunas cosas para comer y les acompañamos. Es para que nos conozcan y podamos ir ganando confianza con ellos y trabajar mejor", explicó.

Con el Operativo Invierno se calcula abordar a 100 chicos como máximo, ubicados en los diferentes focos de vulnerabilidad. (Ver texto principal).

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