Política

“Ahora que Marito recibió a José Ortiz, mi esperanza con él se derrumbó”

Entre la noche del 31 de marzo y el 1 de abril de 2017, el joven dirigente liberal Rodrigo Quintana fue asesinado en la sede del PLRA. Su padre sigue lamentando su partida y la injusticia que sigue en el caso.

Desde La Colmena, y a dos años de la muerte de Rodrigo Quintana, su padre Fidelino sigue buscando justicia. Entre lágrimas, recuerda con mucha tristeza la última vez que vio a su hijo, sus ideales. Lamenta que los intereses del ex presidente Horacio Cartes le costaran la vida a Rodrigo, y que a pesar de esta tragedia no haya cambiado mucho en la política paraguaya. Cuestiona la apatía de la ciudadanía, a la que apunta como una de las causas del Estado calamitoso en que se encuentra el país.

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–¿Cómo se siente a dos años de la muerte de Rodrigo?

–Estos dos años pasaron muy rápido. Nos parece que fue ayer. La tristeza es la misma, o más profunda aún. En los primeros tiempos nos parecía que Rodrigo estaba por ahí, uno no cree lo que pasó, pero a dos años es diferente, no es que uno se vaya olvidando, el dolor se siente, que ya no está, que ya no va a volver. Parece que recién estamos volviendo a la realidad. Nos duele mucho más que la Justicia no avanza. Uno se siente impotente enfrente de esta gente. La vida nuestra cambió, una parte mía se murió.

–¿Dónde estaba usted esa noche?

–Yo estaba acá (en La Colmena), él también estuvo con nosotros hasta las cinco de la tarde. Diego Garcete (concejal de La Colmena) lo estaba esperando para ir a Asunción. Rodrigo tenía ganas de estar allá (en Asunción) desde el jueves (la quema del Congreso fue el viernes 31 de marzo). Yo tenía una radio chiquitita y escuchaba lo que estaba pasando. Él me dijo que tenía que ver la tele, porque se transmitía en directo lo que ocurría. Entró a su cuarto, tomó sus cosas y le dijo a Diego: “Vamos, vamos”. Yo le pregunté en guaraní: “Nde piko repensa reho? (¿Vos te pensás ir?)”, y me respondió: “Ya rohoma katu hina (nos estamos yendo)”. Abrió la puerta del auto, me miró de nuevo, y fue la última vez (que vio vivo a Rodrigo).

–¿Se enteró de la tragedia esa noche?

–Me quedé sentado viendo la tele hasta las doce de la noche. Cuando él salió su mamá no estaba, pero después le llamó y hablaron por última vez, más o menos a las siete de la noche. A las doce (medianoche) apagué la tele y me acosté. Escuchábamos autos pasando una y otra vez frente a la casa, incluso su mamá pensó que él ya llegó. Los amigos estaban rondando, pero nadie quería llegar, hasta que uno se animó. Le atendió mi señora, y (el amigo) le dijo que le llame a Diego, “porque parece que algo le pasó a Rodrigo”. Ella responde que Rodrigo ya llegó, y revisó su cuarto: él no estaba. En eso le llega un mensaje a mi hija, con la trágica noticia.

–¿Qué quería Rodrigo para el país?

–Rodrigo se fue esa noche a Asunción por ese espíritu en contra de la injusticia. Hace tres o cuatro años que activaba en política y estaba muy preocupado por el país. Era el presidente de la Juventud Liberal de La Colmena. Quería lo mejor para los campesinos. Se recibió de ingeniero agrónomo. Estaba preocupado por los agricultores. Era un chico muy servicial. Cuando uno vive con alguien no se da cuenta de muchas cosas, pero ahora ya más calmado me pongo a pensar, él no era como los demás. Encontraba soluciones para todo.

–¿Qué piensa de la impunidad del caso?

–Me siento triste, impotente. Pero veo que nadie me deja. Nos sentimos rodeados, fortalecidos. Pensamos que algún día va a llegar la justicia para Rodrigo, tiene que llegar. Esto traspasa las fronteras, se puede llegar a la Justicia a través de los estrados internacionales, es un crimen que no prescribe. En Paraguay no tengo muchas esperanzas. Culpan a Gustavo Florentín, pero él cumplió una orden, es una víctima más del sistema corrupto que tenemos. Quieren hacernos creer que actuó solo.

–¿Piensa que se hará justicia, Mario Abdo se lo prometió?

–Yo estuve en el Palacio de Gobierno. Él vino al velatorio de Rodrigo acá, me dijo que va a ver la posibilidad de que se haga justicia, pero también dijo que no se podía inmiscuir demasiado en la justicia porque los poderes son independientes, y blablablá.

–¿Qué piensa de la reunión del presidente con José Ortiz (gerente del Grupo Cartes)?

–Ahora que recibió a José Ortiz en el Palacio mi esperanza con él se derrumbó. De Marito ya no espero nada. Ese fue un gesto muy importante, le recibió a alguien que era su enemigo. Aparentemente, fue un trato de impunidad.

–¿La enmienda valía la vida de un paraguayo?

–Yo siempre estoy pensando si valía o no la pena. De hecho, no vale la pena perder la vida de un ser humano por las aspiraciones de un político. Pero desde un punto de vista histórico, al menos se atajó la enmienda, hasta ahí. Pero después todo sigue igual, o peor. Con este Gobierno estamos peor. En los hospitales no hay nada, la educación es un desastre, la salud está por tierra. La clase política no reflexionó nada sobre la situación.

–¿Y qué piensa de la ciudadanía?

–El pueblo no quiere el cambio, es apático. Yo no sé qué piensa la gente. Esta costumbre que viene teniendo es impresionante. Estoy siempre en el día de las elecciones y vienen las personas porque quieren plata. Si no le das plata no es que votan en tu contra, sino que no votan por nadie. Van rebuscando por los locales de votación y si no reciben nada vuelven a sus casas.

–¿De Blas Llano?

–Estuvo con Cartes en esa enmienda, según informaciones estuvo en Mburuvicha Róga con él. Está perjudicando mucho al Partido Liberal, pero tiene mucha plata, y ese es el problema de los paraguayos, se pierden por la plata.

–¿Y qué piensa de Horacio Cartes?

–Horacio está forrado de dólares, (es un) loco, borracho, corrupto, contrabandista. Tiene todo. Nunca llegué a cruzar palabras con él. Después del asesinato de Rodrigo, mandó un emisario a mi casa para decirme que quería hablar conmigo, fue a 15 días de la tragedia, le rechacé, le dije que no tenía nada que hablar con él. Iba a venir a mi casa. (Críspulo) Sotelo (entonces comandante de la Policía) también me mandó decir que (Cartes) quería hablar conmigo. No hice caso. ¿Qué iba a hablar con él?, me iba a ofrecer plata por mi silencio, y cómo yo le iba a vender a mi hijo. Eso nunca. La vida de Rodrigo no tiene precio.

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