Opinión

¿Activismo o educación integral?

Carolina Cuenca

Carolina CuencaPor Carolina Cuenca

Coincidimos, palabras como prohibición y crimen asustan y nos rebelan. Así calificaron algunos activistas a la disposición del ministro de Educación de no utilizar en el sistema educativo un material sobre educación sexual autodenominado “guía” y que fue elaborado y presentado para el efecto por organizaciones con una visión educativa cuestionable (solo mirar su bibliografía feminista radical y ya da vergüenza ajena). Creo que en este caso es injusto y erróneo decir que hay una prohibición porque el material circula libremente y también es inapropiado hablar de crimen porque no es un crimen que el Ministerio analice y seleccione los materiales más apropiados a introducir en el sistema educativo; de hecho, está en su potestad y en su deber hacerlo.

El problema real no es entonces la medida en sí, sino la visión antropológica y educativa, incluso política, que mueve dicha acción y la crítica despiadada de los activistas que ven en ello un obstáculo en su agenda de cambio social y cultural.

Sobre la educación sexual integral, hay que considerar que la sexualidad es un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros; de sentir, expresar y vivir el amor humano. Sobre cómo encararla podemos ver dos posturas encontradas y excluyentes en muchos aspectos. Una, que parte de la integralidad de la persona, que relaciona naturaleza y cultura, persona y familia, maternidad y paternidad, y fomenta la armonía entre sexo (fundamento biológico) y género (factores culturales), donde la cultura se adecua a la naturaleza. La otra postura que parte de una visión reduccionista de la sexualidad que separa sexo de género, sexo de naturaleza, naturaleza de cultura, sexo de persona, sexo de familia y de maternidad y de paternidad.

Gran parte de lo que queremos evitar, enfermedades, manejo irresponsable de la sexualidad, abusos, tiene que ver con el autodominio, la práctica de virtudes humanas y la sensibilidad hacia las personas que nos rodean, a las que debemos tratar con respeto a su dignidad y no como objetos. ¡Eureka!, ¡he ahí la dimensión moral ineludible del tema! Como sabemos muy bien los paraguayos esa dimensión se desarrolla en la familia, no te la da el MEC o la oenegé, ellos complementan nomás.

Como el Estado no puede imponer una ideología, y la teoría de género se ha convertido en una ideología colonizadora y muy totalitaria, al querer imponernos la idea anticientífica de que la biología, la genética y la moral no importan para educar a una persona, y como la misma Constitución Nacional señala en su artículo 54 que la responsabilidad educativa recae primero en la familia, luego en la sociedad y de forma subsidiaria en el Estado, sería prepotente y arbitrario que el MEC emplee oficialmente materiales que afirman que la sexualidad se construye totalmente desde la cultura, sin tener en cuenta el sexo biológico y sin respetar sus bases naturales.

Atención con el concepto de igualdad de los géneros, porque los activistas afirman que es igualmente válido desarrollar una gran cantidad de identidades de género y que todas deben tener el mismo estatus social y jurídico.

Para la ideología de género, igual es sinónimo de idéntico y todo el que reconozca diferencias naturales ya es de por sí un enemigo de la igualdad. Esto es ideológico, no es educativo.

Además, desde el Estado se debe promover lo que es beneficioso para el bien común, se debe tolerar lo que, sin ser beneficioso, no es dañino, y se debe prohibir lo que sí daña.

En cuanto a la prevención de enfermedades de transmisión sexual es de reconocida eficacia el método ABC (por sus siglas en inglés), enseñando la abstinencia hasta la mayoría de edad (lo dice incluso IPPF), la fidelidad en las parejas estables y el uso de condón, en ciertos casos excepcionales. Los dos primeros elementos de este método necesitan una educación afectiva y moral en los niños y jóvenes, es insuficiente el enfoque meramente informativo y puede generar el efecto contrario al deseado porque los jóvenes pueden sentirse falsamente seguros por “conocer ya luego” qué hacer y se entregan a la promiscuidad, lo cual es un factor alto de riesgo en todo sentido y un fracaso a nivel educativo…

Estas son algunas de las cuestiones de fondo al hablar de educación sexual y no de activismo con instrumentalización de la sexualidad para fines políticos.

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