Opinión

2022: Ómicron y Sequía

César Barreto Otazú Por César Barreto Otazú

Empezamos el año con malas noticias que enturbian el panorama que teníamos hace solo dos meses sobre el comportamiento de la economía para este año. La recuperación económica venía consolidándose prácticamente en todos los sectores hacia el último trimestre del año pasado, con la excepción de la venta de supermercados, la cual es impactada negativamente por el contrabando motivado por la política de control de cambios del gobierno argentino y la alta permeabilidad de las fronteras. Sin embargo, nuevos eventos que modifican el panorama debemos ir incorporando a nuestras consideraciones respecto al entorno económico que nos tocará enfrentar en el transcurso del año y tomar las medidas para mitigar su impacto en nuestras propias actividades.

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A nivel global y local está diseminándose aceleradamente la nueva variante Ómicron de la Covid-19, mucho más contagiosa que las anteriores pero con impactos menos severos en la salud, por lo menos hasta ahora. Sin embargo, el impacto económico y laboral puede ser muy importante en algunos sectores, debido a la alta contagiosidad y la necesidad de aislamiento que puede ser muy masiva en las próximas semanas. Observando la experiencia de Sudáfrica, esta ola de contagios sería de menor duración, y de ser así, el daño económico sería acotado, aunque no despreciable. Los sectores comerciales y de servicios deben considerar estos impactos en sus actividades de estos primeros meses.

A nivel interno, el fenómeno climático de la Niña está siendo más certero este año. La falta de lluvias se concentró en diciembre y lo que va de enero, período crítico para la generación de granos de soja en la mayor parte de los cultivos. Según los gremios de la producción, las pérdidas de cosecha llegarían al 50%, con una producción estimada de apenas 5 millones de toneladas y, si continúa la falta de lluvias como está previsto, también impactará los cultivos de la zafriña de soja y maíz.

Por la relevancia que tiene la producción de soja en la economía nacional, los impactos macroeconómicos serán importantes tanto en el crecimiento del PIB, en el ingreso de divisas al país y en los ingresos tributarios y aduaneros, incluso considerando que los precios internacionales se han incrementado en las últimas semanas por efecto de la menor cosecha estimada para todo el Mercosur. Por lo tanto, aquellos sectores directamente relacionados; como la venta de maquinarias agrícolas, vehículos utilitarios, combustibles, transporte de cargas, puertos, bancos, cooperativas, etc. tienen que considerar que sus ventas y cobranzas serán impactadas negativamente y deberían remontarse a las sequías similares de años anteriores. Asimismo, en aquellas ciudades que dependen directamente de la soja, como Santa Rita, Katuete y otras, todas las actividades comerciales y de servicios se verán afectadas en mayor o menor medida.

Sin embargo, hay factores importantes a considerar que mitigan el impacto negativo y evitarán situaciones catastróficas o extremas que son: uno, los productores vienen de dos zafras de soja relativamente buenas y con menores deudas que en ocasiones anteriores, y dos, los altos precios actuales reducen las pérdidas económicas. Por lo tanto, es importante apoyar a los productores, refinanciando sus vencimientos de deudas a los próximos años, así como el financiamiento de los insumos necesarios para la siguiente zafra. El Banco Central emitió las regulaciones necesarias para facilitar este proceso y debería considerar medidas que incrementen la liquidez en moneda extranjera.

Nuestra economía es clima dependiente debido a su base agroindustrial y hemos aprendido a convivir con ella. La pandemia sigue extendiéndose, pero la vacunación está mitigando sus efectos tanto en la salud como en la economía. El proceso de normalización de las políticas fiscal y monetaria limitan la capacidad de aplicar políticas macroeconómicas anti cíclicas, pero la solidez de las mismas previene a la economía en general de situaciones catastróficas. Este año tendremos una menor actividad, pero será transitoria. Un buen clima en la siguiente zafra provocará un rebote como en ocasiones anteriores y la economía seguirá creciendo con estos vaivenes en los siguientes años.

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