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Nacional
martes 2 de agosto de 2016, 08:47

"Ya no puedo vivir tranquilo", dice ganadero tras recuperar su libertad

El ganadero Rómulo Rojas, quien fue secuestrado junto a su ex capataz hace dos semanas en Jhuguá Ñandú, departamento de Concepción, dice que ya no puede vivir tranquilo en la zona. Relató cómo fue llevado por sus captores al monte y la manera en que pudo escapar dos días después.

Si bien ya recuperó su libertad, el problema no terminó, pues su familia lo presiona para que extreme cuidados. Considera que de ahora en más ya no es lo mismo, "ya no puedo vivir más tranquilo, la tranquilidad lo que perdí", lamentó.

El pasado 20 de julio, el ganadero de 47 años recibió una llamada desde su estancia, Santa Catalina, uno de sus empleados le alertó sobre algunos animales enfermos. Avisó que llegaría en breve y envió a su hijo de 14 años a ayudar a otro establecimiento a donde debía dirigirse Rojas aquel miércoles.

En el trayecto llamó a su ex capataz, Modesto Alfonso, para que lo ayude ante la preocupación por sus animales, pero apenas llegaron a la estancia, los desconocidos con ropa camuflada, los encañonaron. Al ganadero lo llevaron al dormitorio y le exigieron un pago inmediato de G. 700 millones.

Cuando le preguntaron por su hijo, se asustó. Casualmente, esta vez no lo acompañó a la estancia. "Mi hijo lo que estaba en la mira de ellos", recordó en comunicación con Radio Monumental.

Rojas les dijo que no disponía de ese dinero, pero los delincuentes insistían en que conocían las cuentas bancarias y finalmente decidieron llevarlo al monte, pero antes le despojaron de sus botas.

Prepararon cuatro caballos y en uno de ellos fueron llevadas las dos víctimas junto a un joven empleado que fue liberado antes de cruzar un arroyo, para que regrese los animales. Pero antes fue amenazado para que no revelara el hecho.

Por la tarde se realizó la primera llamada. El ganadero prefirió que se negocie con su yerno. Según la Fiscalía, la familia de la víctima no tenía cuentas bancarias que demuestren la capacidad de pago de un rescate.

Por la noche, Rojas y Alfonso seguían caminando sin vendas para hacer más rápida la huida. Al primero le dieron unas zapatillas, pues ya se había lastimado bastante los pies por estar descalzo, lo que enlentecía la caminata.

Por la noche, los dos negociadores se retiraron del lugar mientras que los otros dos custodiaban a los secuestrados. A excepción de uno, todos llevaban ropa camuflada.

A raíz del frío, los captores hicieron una fogata en la madrugada y las víctimas pidieron que se les acerque también al fuego, a lo que accedieron, pero siempre los mantuvieron maniatados.

Durante las casi 30 horas de cautiverio solo bebieron agua. Alfonso se animó a pedir algo de comer, a lo que le respondieron que en breve llegarían alimentos, en tanto que a Rojas le aseguraron que las negociaciones avanzaban y que todo estaba por terminar.

Sin que Alfonso se diera cuenta, uno de los hombres camuflados se paró detrás con un arma de fuego en la mano, pero luego se alejó, según pudo ver el ganadero. Posteriormente, ató a ambas víctimas a un árbol y les dijo que volvería luego de mudar algunas cosas.

Esperaron cinco minutos y comenzaron a desatar los nudos, comenzaron a correr por varios kilómetros hasta llegar a una estancia en Agüerito.

Rojas creyó que se pagó el rescate, pero también mencionó que pudo haber sido la presión de las fuerzas de seguridad haya influido en que los captores se alejen. En dos ocasiones llegaron a escuchar los helicópteros que sobrevolaban la zona.

De acuerdo a las investigaciones, no hay pruebas de que hayan sido miembros del EPP o de la ACA los responsables del secuestro, pues también mencionaron una supuesta enemistad con una familia de apellido Echagüe, pero el ganadero desmintió dicha versión.

Por el caso fueron detenidos Martín Ever Soria Cristaldo, concejal de Paso Barreto, Concepción; Osmar Barreto Ojeda, Alicia Gutiérrez Lara, de 18 años; Arnaldo Barreto Ojeda, quien habría sido el negociador; Adriana Elizabeth Aguilar Domínguez y José Aguileo Giménez.