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Opinión
viernes 15 de julio de 2016, 01:00

¿Y si probamos a cambiar?

Por Moneco López
Por Moneco López

Los funcionarios públicos no dan pelota a sus jefes ni a sus mandantes, que vendríamos a ser todos. A esta altura, esto ya es joda pura. Y eso que falta mucho aún. En el mundo empresarial semiprivado –como es el caso de los transportistas de gente– nadie obedece nada. Para empezar, los buses con más comodidades deberían llevar solo la cantidad de pasajeros que caben sentados. Para casos extremos (lluvia, por ejemplo), se acepta que lleven unos cuantos pasajeros de pie.

Pero no. Los choferes paran a quien les haga la señal convenida, y los pasajeros que pagaron 1.200 más por viajar como la gente, terminan en medio de un racimo de conciudadanos sudorosos, a pesar del aire acondicionado. Y si le protesta al chofer, este le responde que viaje en taxi, o que se vaya directamente al famoso sitio ese adonde lo mandan a uno cuando se pone impertinente.

Los servicios públicos, privados o estatales, envían sus facturas a ser pagadas dos días, más o menos, luego de la fecha de vencimiento. Y es que en ambos sectores prima la burocracia más salvaje que se pueda concebir. Con tanto papeleo –a pesar de lo cibernetizados que estamos– cualquier intención de poner orden y eficiencia, deviene en caos.

La educación pública es un desastre. Y la privada lucha con todas sus armas para igualarla. Los entendidos opinan que la educación primaria, secundaria y terciaria son una calamidad. O, tres calamidades.

Ya escribí una vez que confío en Enrique Riera, como ministro de Educación. Falta saber si los expertos en poner palos a cualquier rueda que ruede bien le dejan hacer su tarea. Pasemos a otros asuntos. ¿Por qué no se compran los medicamentos que faltan en el IPS y en cualquier centro de salud? ¿Por qué no se investiga por qué existen las faltas? ¿Por qué se gastan fortunones en compras de remedios de uso escaso, cuando no inexistente, y se retacea la consecución de remedios de mucho uso? ¿Qué pasa con los culpables?

Con el dinero de que dispone el IPS, podría construirse diez sanatorios como el Buongermini, un centro de salud que parece privado y europeo, y funciona todo en una sola planta, sin necesidad de ascensores y escaleras que parecen recomendados por el sindicato de cardiólogos, por lo dificultoso de su uso. Sin embargo, el ente, que pertenece a los patrones y trabajadores aunque figure como uno de los botines más codiciados de la función pública, gasta dinero en compras estúpidas, cuando no en invertir en bancos destinados a quebrar apenas haya suficiente dinero en caja (fuerte) como para justificar una quiebra digna. Esto último, la verdad sea dicha aunque sea de vez en cuando, dejó de suceder desde mucho tiempo atrás, pero que ese Hospital Central, alto, sucio e incómodo hasta el soponcio, debe ser sustituido por unidades de una planta, eficientes y limpias. Eso es tan cierto como que habremos de morir todos. Aunque haya gente que vive y pelea como si tuviera un futuro de 5.000 años. Es todo. Gracias por leer este plagueo.