18 de agosto
Viernes
Parcialmente nublado
19°
29°
Sábado
Poco nublado con tormentas
15°
28°
Domingo
Mayormente despejado
21°
Lunes
Despejado
13°
23°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Economía
sábado 15 de abril de 2017, 01:00

¿Y si Jesús resucitara hoy?

Si Jesús resucitara hoy sin duda se hubiera sentido defraudado, al constatar por sí mismo que tanto sacrificio de su parte, además de una enorme organización global con más de 2000 años de trabajo, a la que no le faltaron los recursos económicos y humanos, y una legión de millones de creyentes movilizados por la fe, no fueron suficientes para transmitir y asentar su mensaje de amor en toda la humanidad.

Escuchando al papa Francisco, CEO actual de tan grandiosa misión, como si le rindiera cuentas en un informe de resultados, en un mensaje de Viernes Santo, decir: “Oh, cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los traidores que por treinta denarios entregan a la muerte a cualquier persona”, y “Oh, cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ladrones y en los corruptos, que en vez de salvaguardar el bien común y la ética se venden en el miserable mercado de la inmoralidad”. Con seguridad, Jesús se hubiera sentido devastado, desconsolado y pesimista como tantos líderes, que muchas veces se preguntan si tanto sacrificio vale la pena. Él, que sufrió y murió en la cruz porque sabía que lo que vendría después era mucho más importante que su vida, una iglesia extendida por toda la tierra con el amor como misión que se hiciera carne en obras para mejorar significativamente la condición de vida de la humanidad.

Me imagino a Jesús tan indignado, como en el templo, reclamando con fuerza a los líderes, no solo de la Iglesia Católica, sino a todos los líderes del mundo, que en estos 2000 años tuvieron la oportunidad de hacer su parte, preguntándose por qué el Papa sigue teniendo que plantear lo mismo que él había reclamado a los mercaderes del templo y a los poderosos de la época.

Y luego se volvería a quienes estamos ahora liderando a nuestras familias, nuestras organizaciones, nuestras iglesias, nuestros países, nuestras ciudades, nuestros enfermos, nuestros desamparados exigiéndonos que de una vez por todas hagamos solamente el bien, amemos sin discriminaciones, administremos la cosa pública con honestidad y sin aprovecharnos de lo que no nos pertenece, que sembremos esperanza y nos comprometamos a eliminar la pobreza definitivamente. Y, sobre todo, que erradiquemos para siempre la violencia en su nombre.

Pero seguramente cuando más rabia descargaría sería al dirigirse a los buenos, a los justos, a los honestos, y les reclamaría el haberse quedado de brazos cruzados frente a las injusticias, el haber dejado las decisiones importantes en manos de otros sin inmiscuirse, el no haber tomado su lugar para defender los principios y valores cristianos por los que Él dio la vida.

¿Ya pensaste en cuál de estos grupos estarías?