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Opinión
miércoles 1 de marzo de 2017, 02:00

¿Vuelve el fascismo?

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

En Netflix he visto la película documental Hitler, basada en un libro del historiador alemán Joachim Fest (1926-2006), y que ha dado pie a la polémica.

Haciendo de lado la polémica, quiero decir que Fest no justifica a Hitler (su familia fue perseguida por no colaborar con el régimen) y que él es un historiador con un sólido conocimiento de los hechos, aunque su interpretación de los hechos pueda discutirse.

De la película, quiero señalar una cosa: la importancia que tuvo la propaganda en la instauración del régimen nacional socialista.

Hitler fue el primer político que utilizó en forma consistente los medios modernos de transporte y de comunicación.

Con la radio, llegaba a toda Alemania; con el avión, participaba en varios actos políticos en un solo día. Además, tenía el cine para desinformar a su país y al resto del mundo sobre la verdadera naturaleza de su sistema. En esto le ayudó la cineasta Leni von Riefenstahl, dotada de un particular talento para mostrar lo que se quería mostrar. Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda, fue muy hábil con su manejo de las transmisiones de radio en cadena, un ejemplo seguido por Stroessner con sus notorias transmisiones en cadena.

Tomando en cuenta la trágica experiencia histórica, los Gobiernos democráticos establecidos después de la caída del Tercer Reich regularon la prensa y la financiación de los partidos políticos. Debo agregar que, aunque anticapitalista de labios para afuera, la carrera de Hitler se financió por las grandes empresas; durante la ocupación y saqueo de varios países europeos por el ejército nazi, esas empresas participaron en una suerte de alianza público-privada. Esa regulación se efectuaba, no para restringir la libertad, sino para protegerla de la colusión de los políticos y los oligopolios.

A partir de 1982, con la llegada al poder de Helmut Kohl, la regulación disminuyó, aunque sin desaparecer; no, en todo caso, como pareciera dispuesto a hacerla desaparecer Donald Trump, según señala un reciente artículo de The Guardian ("The real issue is his threat to the internet"). En los Estados Unidos existe la entidad estatal llamada FCC (Comité Federal de Comunicaciones), creada para garantizar la neutralidad de las comunicaciones; el nuevo director de la FCC no cree en la neutralidad, lo cual abre el camino a la manipulación de la información por oligopolios que dirigen la transmisión de las informaciones por internet, según el Guardian.

Con lo anterior no quiero tachar de fascista a Trump, que no podría serlo porque Estados Unidos no es hoy la Alemania de 1933. Sin embargo, hay un resurgimiento de movimientos neofascistas en Europa y América; los hay entre quienes apoyan a Trump, y este es un problema alarmante. La historia nunca se repite literalmente, pero ciertos errores históricos no se corrigen.