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Opinión
jueves 22 de junio de 2017, 02:00

Volver a la política

Gustavo A. Olmedo B. – golmedo@uhora.com.py
Por Gustavo Olmedo

El ejercicio de la política –y ni qué decir los políticos en Paraguay– se encuentra en decadencia. Es un fenómeno que muchos lo perciben. Y el hecho de que el conductor de radio y tevé, y animador de fiestas, Rubén Rodríguez, sea hoy candidato a la gobernación de Central es solo un botón de muestra en esta compleja historia.

En realidad, el hacer política en el país no está en crisis por este caso ni otros, pues la fiebre electoral afecta desde hace tiempo a outsiders provenientes de la farándula y los medios de comunicación. Y aquí no se trata de despreciar ninguna actividad profesional honesta o la trayectoria de nadie.

Hablamos de un deterioro que viene germinando hace bastante tiempo con dirigentes, concejales, parlamentarios y hasta presidentes de la República que van sumando mérito para ganarse el rechazo de la gente con acciones y omisiones; adjudicándose millonarios salarios y beneficios, burlándose con derroches de todo tipo, promoviendo el nepotismo y entregando cargos con la lógica del prebendarismo, y comprando, sin ruborizarse, a dirigentes y electores, y hasta pagando salarios a candidatos; violando la misma Constitución Nacional o forzando su interpretación, etcétera.

Y la situación se hace visible cuando los candidatos "potables" para el electorado descreído se acaban.

Y es así que ante la falta de ciudadanos posicionados por su trayectoria e ideales del servicio al bien común, el trabajo social, la gestión cultural o académica, el reconocimiento intelectual, entre otros, los movimientos y partidos políticos deciden apostar por figuras populares de la televisión, la radio o la movida nocturna, que se han ganado una fama y un prestigio "visual" y "auditivo", por decirlo de alguna forma, que pareciera los habilita para cualquier cargo público o electivo, y los vuelve administradores y líderes. Como si para hacer política bastara hablar o posar bien porque el resto se soluciona con un batallón de asesores. Algo no está bien en todo esto.

No obstante, convengamos que "estar en política" tampoco es garantía de calidad e idoneidad, y mucho menos de honestidad; es el origen del problema. Por ello urge recuperar la visión de la política como trabajo dedicado al bien de la gente, en donde la honorabilidad sea respetada, valorada y aspirada, y, sobre todo, se necesita perder el miedo a incursionar en ella, para evitar mancharse las manos o la buena fama. Es necesario volver a la política; caso contrario, seguiremos dejando el espacio a improvisados o personajes sin escrúpulos, que poco bien hacen al país, sus instituciones y su gente.