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Opinión
viernes 24 de febrero de 2017, 02:00

Visibilizar una industria

Sergio Noe – sergionoe@gmail.com

Un millón y medio de personas fueron a las salas de cine en 2016, el equivalente a uno de cada cinco paraguayos de una población de casi siete millones. El resto (los cuatro de cada cinco) no acudió a estos espacios esgrimiendo como excusas –válidas o no– los motivos económicos, los problemas de transporte, la falta de interés o de tiempo, según cuentan las estadísticas locales y encuestas internacionales.

Sin embargo, los que sí vieron películas en las salas movieron el 0,03% de la economía paraguaya. O sea, dejaron a la industria local 7,8 millones de dólares (¡ojo!: casi la mitad de esta cifra va a las arcas de Hollywood por derechos de producción), siendo un presupuesto comparable al de la Secretaría Nacional de Cultura de todo el 2016, de 6,5 millones de dólares.

Aunque la venta de tiques parezca una industria invisible en Paraguay (una parte clave de la cadena de distribución del séptimo arte), cada año se abren más complejos de cine en el país. Hoy existen 17 centros de exhibición (localizados en Asunción, Central, Caaguazú, Encarnación y Ciudad del Este) con capacidad de unas 12.000 butacas en el país. En el 2016 se añadió una veintena de pantallas, y de las 42 existentes se pasó a 66 salas, las cuales exhibieron unas 170 películas durante doce meses.

Pese a esta limitada capacidad de exhibición de la industria (considerando que EEUU cuenta con 5.719 complejos de cine frente a los 17 de Paraguay), en dos años (del 2014 al 2016) se incrementaron en 423.000 las personas que acuden a los cines nacionales, que proyectan mayoritariamente filmes extranjeros.

En tanto, el círculo de exhibición de pantallas independientes es casi nulo (con funciones esporádicas en el año en una decena de espacios) y la distribución de filmes guaraníes y no comerciales es dificultosa.

Es decir, no existe un proteccionismo a la producción del cine nacional, que apenas lanza de tres a cinco filmes al año. La industria local no está regulada por ley ni cuenta con presupuestos requeridos para producir más películas y contar con una mejor distribución. Tampoco se crean políticas de fomento de consumo del cine ni estímulos para productores, sean exenciones fiscales a empresas que apoyen la industria creativa u otras medidas.

El audiovisual paraguayo sigue desatendido, ya que los fondos estatales (ofrecidos solo por el Fondec o El Cabildo, y en eventuales casos por las binacionales, los municipios, el programa Ibermedia u otros) son insuficientes.

Promover la marca y la imagen país, el turismo local y otras potenciales fuentes de ingresos a través del cine no son temas de interés para el Estado, frente a un sector privado que empuja con ímpetu una industria que lucha por ser visibilizada paulatinamente en el país.