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Opinión
viernes 17 de marzo de 2017, 02:00

Violación y deconstrucción

Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

Cuesta mucho encarar este tema y con todo respeto me atrevo a escribir porque lo creo justo. Y espero no caer en ningún morbo. Ya nos enteramos: un chico fue violado por sus propios compañeros en una de las tantas, recientemente puestas de moda, fiestas del último primer día (UPD).

"El problema no es la fiesta, sino que faltan límites", me dicen. "¿Y los adultos?", cuestionan otros.

Son dos temas educativos: la adultez y los límites en la crianza. Es verdad. Pero también faltan otros factores que vienen antes.

Primer punto. Es impresionante el empeño, hasta obsesivo, de los padres en las fiestas de sus hijos hoy. Desde el Jardín de Infantes.

El gesto, la expresión del sentimiento se ha convertido en algo más importante que el propio sentimiento de alegría y orgullo que nos produce un logro de nuestros hijos.

Pero la alegría se da antes que la fiesta. Y este es el quid. Porque no es el gesto el que hace al sentimiento, sino que lo expresa.

Atención, que si en el interior del hogar no hay armonía, no hay más que consumismo, vanidades, distracciones y hasta falta de amor, el vacío interior de los jóvenes intenta autogestionar su satisfacción con la parafernalia de la exterioridad. Y así crece la competencia por "demostrar" más allá del "ser", del contenido real.

Segundo punto. La educación de la sexualidad. Tan manoseada, tan reductiva, tan esquivada en sus factores morales.

Sí, morales, es decir, relacionados con la inteligencia y la voluntad que hacen a la libertad de las personas. Y ni hablemos de la pornografía, abierta, pululante, descarada.

De moda casi o más que el sofisma de que si les instruyéramos a usar preservativos ya estarían "cuidados" y protegidos.

¿Y entonces cómo se explica el paso de la delgada línea roja que lleva a los chicos de la excitación a la violencia animalesca? ¿Sirve de "barrera" moral saber seguir los 11 pasos básicos para colocarse un condón antes?... ¡Por favor! Perdonen, pero da rabia ese discurso tan difundido.

Tercer punto. Humano se nace, como dice Quino, pero también se hace, gente. "Persona, llega a ser lo que eres", decía Wojtyla, luego Papa católico. Persona. Que puede dignificarse o caer bajísimo.

Aquí falta el yo, que no nace del puritanismo o de la evasión. Nace de encuentros, de apertura y respeto, mucho respeto, a la vida y a la dignidad, incluso la de los agresores.

De esta deconstrucción moral solo se sale reconstruyendo los pilares más sólidos que tenemos. La persona en primer lugar, y esta en una familia concreta, real, donde "el otro es un bien".

La ley viene mucho después.