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Opinión
viernes 7 de julio de 2017, 02:00

Vigilia y peregrinación

Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

"¿Alguna vez sufriste una gran injusticia sin resarcimiento? ¿Alguna vez te ponés en el lugar de los otros que están fuera de tu mundo acomodado o discursivo?". Pensamientos que surgen quizás por empatía, quizás por frustración al observar el largo y doloroso peregrinaje de la familia de Edelio Morínigo, luego de 3 años de cautiverio, de la violencia que implica un secuestro, su humillante vejación.

Hoy se habla mucho de construir la realidad, la cultura, la historia. Se enfatiza el poder de la voluntad para superar los límites de la naturaleza, del tiempo, de la condición humana. Se enfatiza el poder a secas. Pero mientras llegan los paraísos prometidos de comodidad sin límite, de libertad individual sin límite, de legalidad sin límite, o de igualdad sin límite que las ideologías de este y aquel lado nos prometen, hay un peregrinaje, un camino andado por miles y miles que están fuera del tutelaje coercitivo de los colonizadores culturales de hoy.

Es lo que sentí con gran fuerza al leer la nota de nuestro diario sobre la peregrinación que hicieron la madre de Edelio, doña Obdulia, y su familia en memoria, en manifestación de dolor y esperanza.

Es fácil hablar mal del presidente, de la Justicia, del sistema, pero es muy difícil tomar en peso la propia vida, la experiencia, la realidad que se nos planta en la cara; es mucho más difícil salir y caminar, encarar la noche, las preguntas, el llanto, la impotencia. Ellos levantaron un campamento en un paraje similar al del video que guardan casi cual reliquia de su amado miembro-desmembrado, y allí pasaron frío, hicieron vigilia y ayuno. No es autoconstrucción, es vivencia objetiva de nuestro espíritu encarnado.

Los criminales nos han dado muestras de su crueldad, de su irracionalidad, de sus patéticos métodos. Pero una familia, una mujer madre sufriente, un padre enfermo, ¡un abuelo de 75!, hermanos, primos, gente del pueblo, gente que no construye un discurso a partir de su drama, nos hace, sin embargo, un gesto humano potente, una revelación luminosa existencial en medio de este oscurantismo disfrazado de progreso que vivimos, de su ser familia paraguayatee. Porque ningún paraguayo puede quedar indiferente ante una madre que grita su dolor por el hijo arrebatado, o de una familia que expresa su quebranto y reza.

Esta vigilia y este peregrinaje de agotadoras 4 horas y media hasta la capilla de su pueblo ¡valen muchísimo más que mil discursos pererî! Tienen ecos imperceptibles para los chantas de turno, pero que calan hondo en el sentir de los paraguayos de a pie.

Nosotros no somos una construcción cultural que pueden manipular a su antojo los poderosos de turno, nosotros somos un pueblo de hombres y mujeres libres. Y Edelio y su familia son parte de ese nosotros que resiste, que crece y que se fortalece peregrinando juntos.