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Opinión
martes 12 de julio de 2016, 01:00

Victoria

Por Elías Piris

Desde el vamos, la sentencia estaba prácticamente "cantada", pero quedaba un pequeño halo de esperanza con respecto a la sentencia del circo romano apodado Juicio del Caso Curuguaty.

Desde el vamos, el hecho de procesar solamente a los campesinos que participaron en la invasión de tierras que derivó en la masacre que enlutó a 17 familias paraguayas dio a entender de qué lado estaban la Fiscalía y el Poder Judicial.

El mensaje es claro: Nosotros tuvimos, tenemos y seguiremos teniendo el poder político y económico de la República del Paraguay. El statu quo sigue inalterable, vivito y coleando, gozando de buena salud.

No importaron las investigaciones paralelas, haber sido papelón internacional. No bastó tumbar en 24 horas a un presidente legítimamente electo. Ellos –los que mueven los hilos con habilidad– se tenían que ensañar y lo hicieron.

Condena a los que luchan por un pedazo de tierra, condena a los movimientos sociales, condena a los que tienen la osadía de enfrentar al Poder Judicial y sus brazos mafiosos.

Condena a los que amenazan constantemente con tambalear una estructura demasiado antigua, demasiado podrida, demasiado vigente.

Una vez más asistimos a un lamentable espectáculo que nos demuestra que en este país las insolencias se pagan caro. Disentir, desafiar, luchar son cuestiones que para el establishment nunca pasará por alto.

Victoria de los que siempre tuvieron todo contra los "nadies" –me tomo el atrevimiento de prestar el término acuñado por don Eduardo Galeano–, victoria del latifundio, de la tierra que sigue sangrando.

Victoria de la prepotencia, la fuerza bruta, de la represión, del poder de fuego, de las mentiras descaradas. Victoria del odio y de la intolerancia.

Victoria de los poderosos, condena de los oprimidos. Se cierra otra página amarga de vencedores y vencidos.

El mensaje del poder es claro, la sentencia también es bastante clara. Lo más penoso de esta oscura historia es que una pregunta sigue sin ser esclarecida: ¿Qué pasó en Curuguaty?

Esta pregunta seguirá interpelándonos, seguirá zumbando en los oídos de los obsecuentes como las balas percutidas en esa fría mañana de junio en Marina Cué.

Por la farsa, por los oportunistas de siempre, por el golpe parlamentario, por la ridiculez de las pruebas, por el parcialismo manifiesto, por Jalil Rachid siendo premiado por el gobierno de Horacio Cartes, por las filmaciones del helicóptero que desaparecieron, por eso hoy pedimos ¡Absolución ya!