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Economía
miércoles 3 de agosto de 2016, 01:00

Ver para creer

La compañía global Google nos da pistas importantes para líderes sobre tendencias en selección que se ajustan a las necesidades cambiantes y rápidas del mundo de la tecnología, y que van contagiándose al resto de las actividades de la economía.

Cuentan sus directivos que luego de golpearse varias veces la cabeza contra la pared y vivir experiencias frustrantes en selección y contratación de ingenieros informáticos decidieron dejar de buscar ingenieros informáticos y se enfocaron en encontrar “expertos” informáticos. Una sola palabra que hace toda la diferencia.

Ya no les son importantes los títulos y certificados, sino lo que las personas son capaces de hacer en realidad. Ser capaz de hacer algo muy bien requiere de un conjunto de cosas: en primer lugar saber hacer, tener conocimientos específicos actualizados y reales. Los conocimientos de las mejores universidades del mundo, así como de centros de investigación y grupos de trabajo están disponibles en internet actualizando el conocimiento humano a velocidades siderales. Hoy se puede aprender a hacer mucho y bien sin necesidad de haber pasado necesariamente por una formación formal.

En segundo lugar, una persona que sabe puede no lograr una buena aplicación de sus conocimientos por falta de una actitud correcta, tiene que querer hacer, estar predispuesto, dedicar tiempo, poner energía, enfocarse en la acción que lleve a resultados óptimos. ¿Conocés personas que saben mucho y no entendés por qué, pero no progresan? Si haces un zoom vas a ver que se debe a actitudes negativas, como despreciar a los que saben menos, no ordenarse para ser productivos, culpar a otros de todo lo que pasa, etc.

Y, por último, está el poder hacer, aun sabiendo y queriendo hacer, las personas pueden encontrar o fabricar barreras que les impidan encaminarse y avanzar. Elegir el partner equivocado, no contar con los elementos necesarios, no tener los interlocutores adecuados, son algunas de las barreras que se presentan a quienes saben y quieren hacer.

La unión de estas tres condiciones: saber hacer, querer hacer y poder hacer nos hace competentes en algo. Las tías viejas de antes ya nos decían cuando alababan al pretendiente de la nena, ¡es un muchacho muy competente!

Es que las competencias se ven, se traducen en conductas laborales y personales espontáneas y frecuentes. Por eso, y cansados de falsas promesas, las compañías que están en la cresta de la ola ahora se enfocan en ver lo que las personas pueden hacer y no en lo que dicen sus CV, títulos o certificaciones. Para eso someten a los postulantes a pruebas in situ, trabajos temporales o assessments. Porque hoy ya no sirve que la gente haya estado en contacto con el conocimiento, que entienda, conozca y pueda repetir, se tiene que ver lo que es capaz de hacer.