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sábado 23 de julio de 2016, 01:00

Urge una respuesta global al drama de los inundados

El problema de los pobladores de zonas inundables de lugares aledaños a los ríos tiene que recibir del Estado una respuesta global, sistemática, gradual y sustentable en el tiempo. El sentido de justicia social que debe primar en el país no puede seguir tolerando el vía crucis de los que en cada creciente, con su dolor y su pobreza a cuestas, buscan lugares secos para refugiarse durante unos meses y luego retornar a su miseria. Es hora de dejar atrás el discurso demagógico y unir la acción de las instituciones públicas para resolver en un lapso razonable la tragedia de los compatriotas ribereños. Es la hora de dialogar para planificar una respuesta global sistemática.

La predicción de los meteorólogos para mediados de este año, como despedida de El Niño, anunciaba inundaciones más dramáticas que la anterior. Afortunadamente, ese vaticinio no se ha cumplido y los damnificados por la creciente ya regresan a sus hogares.

Si bien el drama de los que se ven obligados a abandonar sus precarias viviendas se da en todos los lugares del país donde existen cursos de agua que desbordan su cauce habitual, la tragedia mayor se da en Asunción y sus zonas aledañas. Eso se debe a que la mayor concentración poblacional se da en algunos barrios periféricos de la capital y en los municipios de su área de influencia directa. A la par del retorno de los inundados a sus hábitats anteriores, la Municipalidad de Asunción, el Ministerio de Obras Públicas y una organización privada anunciaron la firma de un acuerdo para la concreción de un relleno sanitario que permitirá poner en condiciones de habitabilidad 90 kilómetros del Bañado Tacumbú.

El proyecto es construir en esa superficie 2.500 viviendas sociales que permitan a familias de zonas inundables olvidar para siempre que en cada creciente tienen que emigrar momentáneamente a lugares que les permitan alejarse de la inclemencia de las aguas que invaden sus hogares periódicamente.

Por otro lado, está en marcha en un predio de la Caballería, de Zeballos Cué, el proyecto para construir, en un terreno de 16 hectáreas, mil viviendas para pobladores de la Chacarita asentados en el área de desborde del río Paraguay. Anteriormente se concretaron otros asentamientos que tropezaron con el inconveniente de estar muy alejados de las fuentes de trabajo de los que fueron beneficiados con las viviendas proporcionadas por el Estado y donde la contrapartida de aporte de los beneficiarios era apenas simbólica.

Si bien las respuestas que se van dando reflejan cierto interés real en ir solucionando el problema de los afectados por las crecientes, es indudable que al ritmo al que van se tardará demasiado tiempo en alcanzar metas de cobertura de viviendas razonables. Por lo tanto, la realidad de los que suben a lugares a los que las aguas no llegan continuará quién sabe por cuántos años todavía.

La conclusión, entonces, es una sola: es la hora de que el Gobierno nacional y los gobiernos locales –municipalidades y gobernaciones–, con la participación de la sociedad civil, se sienten a dialogar para planificar una respuesta global sistemática, con metas precisas y la previsión de los medios de financiación a la grave injusticia social que constituye la tragedia de los que a su ya crónica pobreza agregan el calvario de abandonar sus casas empujados por las despiadadas aguas.