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Editorial
lunes 26 de junio de 2017, 02:00

Urge revertir la baja ejecución en áreas de educación y salud

Los datos del nuevo portal del Ministerio de Hacienda muestran los bajos niveles de ejecución de los recursos destinados a mejorar la infraestructura de los ministerios de Salud y Educación. El país está haciendo un esfuerzo importante por aumentar la cobertura de políticas sociales en estos ámbitos, lo cual significa que se deja de invertir en otros sectores igualmente importantes para el bienestar y la calidad de vida. Esperemos que se acelere la ejecución y se garantice no solo el uso de recursos, sino también la calidad de las obras. Implica para las autoridades y funcionarios una enorme responsabilidad en la gestión de los recursos que les fueron otorgados.

Los portales oficiales y una diversidad de publicaciones basadas en investigaciones y en denuncias a la prensa muestran que las infraestructuras educativa y de salud no solo están en pésima situación, sino además requieren un profundo replanteamiento para lograr mayor eficiencia y equidad.

En todos los ámbitos existen brechas. Las desigualdades por departamentos deben ser atendidas teniendo en cuenta que no existen obstáculos territoriales que las justifiquen. Paraguay no tiene montañas ni cursos de agua que impidan llegar a cualquier lugar del territorio nacional.

Las brechas entre el sector rural y urbano se mantienen, a pesar de que en los últimos quinquenios se observan mejoras en las coberturas en el área rural. No obstante, gran parte de los servicios se siguen concentrando en las ciudades, lo que presenta muchos problemas. En primer lugar, obliga a la migración hacia donde tampoco hay una oferta suficiente de viviendas, servicios de agua potable y saneamiento o trabajo para los adultos. La urbanización se convierte en un proceso desordenado y excluyente. En segundo lugar, aumentan los costos de acceso a los servicios y con ello se genera exclusión económica. Una de las razones de deserción de la educación media es el problema económico. Además de que los adolescentes necesitan aportar económicamente a la familia, deben incurrir en gastos de transporte, alimentación, útiles y vestimenta para asistir al establecimiento educativo.

En el campo de la salud solo basta recorrer los pasillos de los hospitales para encontrar pacientes y familiares que deben viajar cientos de kilómetros para acceder a servicios que se podrían proveerse desde los programas de atención primaria o con enfermedades que podrían haberse prevenido si hubieran contado con una Unidad de Salud de la Familia cerca. Una mala planificación de la inversión en salud ocasiona, además, ineficiencia en el uso de los servicios, ya que hospitales de alta complejidad y, por ende, de altos costos de funcionamiento, terminan atendiendo casos simples que podrían ser atendidos en centros de menor complejidad y en los territorios donde viven las personas que lo requieran.

Una buena planificación también es necesaria en el Ministerio de Educación. Mientras existen establecimientos educativos con pocos alumnos, en otros hay un exceso. Esto afecta no solo a la eficiencia del sistema, sino también a la calidad de la enseñanza y del aprendizaje.

Las decisiones de inversión también tienen efecto en la pobreza y en la desigualdad de los ingresos. Las personas pobres y de menores ingresos son quienes más sufren en el presente las precariedades de las políticas de salud y educación y las que menos oportunidades tendrán en el futuro. Ojalá que a medida que se agilicen los trámites para lograr el uso pleno de los recursos presupuestados, pero que paralelamente se garanticen condiciones para que las obras se realicen con calidad. El país ya no puede seguir invirtiendo lo poco que tiene y que en escasos años se caigan, de manera literal, los techos.