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Mundo
jueves 6 de octubre de 2016, 20:27

Una veintena de ancianos representa en Cervantino los funerales del Quijote

Guanajuato (México), 6 oct (EFE).- Últimamente no es extraño encontrar a Sancho Panza deambulando por los centros para mayores de la ciudad mexicana de Guanajuato; una veintena de sus inquilinos ultima los ensayos para presentar en el Festival Internacional Cervantino (FIC) su "Banquete para el difunto Don Quijote".

La obra, que gira alrededor del ataúd de Don Quijote, agrupa a participantes con edades comprendidas entre 60 y 83 años, que llevan tres meses preparándose para la actuación del próximo 15 de octubre con la ayuda del director Luis Martín.

Los actores, 18 mujeres y cuatro hombres, comentan a Efe que lo peor de subir al escenario son los "nervios", acrecentados por el hecho de que les han dicho que no van a contar con la ayuda de un apuntador, aunque alguno considera esto como algo positivo, porque así hacen el esfuerzo de memorizar.

"A nuestra edad nuestras mentes ya no son claras, pero para nosotros fue una nueva experiencia porque nos ayuda a convivir, a tener un poco de aprendizaje, a recordar la memoria que se había perdido", comenta Manuel, cuyo Sancho Panza se encarga de abrir la obra.

Sostiene que su participación en la actuación es beneficiosa, en especial para sus mentes, que aunque están "cansadas" todavía se mantienen "con el ánimo para hacer cosas".

Aunque es el funeral de Alonso Quijano, nombre del hidalgo en la obra maestra de Miguel de Cervantes, esta comedia juega con una dualidad en que los rasgos del personaje se mezclan con los del escritor español (1547-1616), hasta no llegar a discernir si realmente es el Quijote quien está en el ataúd o es el propio autor.

En este banquete, en el que no faltan los duelos y quebrantos -lo que comía el aspirante a caballero los sábados-, se unen los personajes más variopintos del universo cervantino.

Están presentes Sancho, Cide Hamete Benengeli -el que Cervantes señala en su narración como autor de parte de "El Quijote"-, y un sepulturero, interpretado por Carlos, el más veterano del proyecto.

Dulcinea, engalanada con un traje azul eléctrico, se presenta en el funeral presumiendo ser el auténtico amor del hidalgo, y no esa "chaparra", como dice señalando a Aldonza Lorenzo, cuyo personaje en la obra es independiente a su alter ego idealizado por la imaginación quijotesca.

Las actrices que dan vida a las cocineras vuelcan en su papel la experiencia que ganaron en los años en que desarrollaron ese oficio; las que interpretan a la tía y sobrina de Don Quijote, con sus vestidos cortos y medias de rejilla, bromean diciendo que las mujeres del funeral están "muertas de envidia" porque ellas son las más guapas.

También están presentes las plañideras -mujeres a quienes se pagaba para que lloraran en los funerales-; una de ellas, Bertha, se lleva uno de los momentos estelares de la actuación con un monólogo con influencias de "Hamlet" en el que defiende la figura de Cervantes en contraposición a "un mundo sin ideales".

Martín y Alejandro Román firman el guión, pero este es también producto de la colaboración de todos los actores, quienes enriquecieron el libreto con anécdotas que conocían: la de aquel hombre que pidió que le enterraran de pie, o la de aquel otro que iba tan borracho que se equivocó de sala en el tanatorio y acabó llorándole a un desconocido.

Esto hace que los ancianos "tengan un acercamiento mucho más grande (a Don Quijote), y no a partir de un ámbito literario, que no es tan accesible", narra a Efe el director.

Señala que la obra, pese a estar basada en el manchego por excelencia, tiene mucho de México porque en este país los funerales se llenan de chismes con los que "te enteras de la vida y obra" del difunto.

Esta iniciativa se enmarca dentro del llamado Proyecto Ruelas -en honor al precursor del Cervantino, Enrique Ruelas-, que trata de acercar el teatro a comunidades del estado de Guanajuato menos favorecidas y que en esta edición presenta un total de cinco producciones.

En este caso concreto se optó por llevar el teatro a los centros gerontológicos El Cambio y Las Teresas, que el año pasado ya participaron con una adaptación de "El burlador de Sevilla" de Tirso de Molina, también dirigida por Martín y con gran parte de los actores que colaboran en esta ocasión.

El proyecto llega a estos recintos porque "la tercera edad en México está abandonada" y los centros para mayores no son muy visitados, argumenta el director.

Pocas veces se escucha a estos mayores, "y en pocas ocasiones nos detenemos a ver qué piensan, qué sienten", concluye.

Isabel Reviejo