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viernes 2 de junio de 2017, 01:00

Una página de la historia

Era el 15 de junio del 2012. A las 7.30 el operativo policial contra los campesinos presentes en Marina Cué (Curuguaty) comenzó a ordenarse a la entrada de la finca de Riquelme.

El comisario GEO Erven Lovera, especializado en salida pacífica a conflictos semejantes como el que podía ocurrir, estaba al mando de 324 miembros de la policía, antimotines, GEO, policía montada, etc... encima sobrevolaba el campo un helicóptero policial con capacidad de grabar todo lo que ocurriera. Acompaña la comitiva la fiscala Ninfa Aguilar y el fiscal Diosnel Giménez.

La entrada al predio se hizo en dos grupos. Uno por la izquierda y el otro a la derecha del camino de acceso a la finca. Ambos grupos se encontraron rodeándolo a un grupo de 20 a 30 campesinos portando machetes, palos y algunas escopetas viejas de caza.

El comisario Lovera se adelantó con algunos policías para dialogar con los campesinos. Se escuchó el primer disparo seguido de un segundo y un tercero.

Luego siguen ráfagas de disparos continuados de cadencia automática efectuados por fusiles automáticos. Terminadas las ráfagas se escucharon algunos disparos secos de pistolas.

De esos momentos se tienen audios y videos. Consultados más tarde servicios especializados que los estudiaron afirmaron que las ráfagas eran sin duda de fusiles de guerra de gran potencia de la familia del M16.

Inmediatamente la confusión, la huida y el ajusticiamiento de los campesinos que se encontraron. Los cadáveres y heridos policiales fueron llevados en ambulancias. Los cadáveres y heridos de campesinos echados en camionetas como mercancía. Hay casos de simulación de ajusticiamiento y de torturas a dos campesinos.

Al final todos se marcharon. Unos con la conciencia manchada de haber matado y los familiares tristes porque habían perdido a sus hermanos, hijos y maridos. De todo esto existen múltiples fotografías editadas en el Informe de la masacre de Curuguaty.

El día siguiente les esperaban nuevas sorpresas.