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Mundo
miércoles 15 de marzo de 2017, 03:27

Una fiesta del fuego contenida en recuerdo a los bomberos fallecidos en Irán

Teherán, 15 mar (EFE).- Aunque no faltaron las tradicionales hogueras y los más modernos petardos durante la milenaria fiesta iraní del "Charshande Surí", su intensidad fue menor este año en homenaje a los bomberos fallecidos en un reciente siniestro.

El impacto de la campaña popular "No al Charshande Surí peligroso", propagada desde hace semanas en las redes sociales, se notó en unas celebraciones más tranquilas, algo que no habían logrado años de advertencias de los dirigentes políticos y la policía.

Esta iniciativa, a la que se sumaron conocidos artistas y deportistas, pidió un regreso a las celebraciones tradicionales de esta festividad preislámica, sin el uso de potentes materiales explosivos.

De esta forma buscaron rendir homenaje a los 16 bomberos que perdieron la vida el pasado enero al derrumbarse el edificio comercial Plasco del centro de Teherán cuando trataban de extinguir el incendio que devoraba la torre.

Esta tragedia caló en el estudiante de 14 años Arsia, a quien su padre permitía celebrar el "Charshande Surí" con petardos y fuegos artificiales pese a los riesgos que conlleva.

"Este año, por respeto a los bomberos, festejamos sin petardos", dijo a Efe el joven sobre una tradición que supone el pistoletazo de salida a las grandes celebraciones por el año nuevo persa "Noruz", el próximo día 20.

Este cambio de actitud afectó a la venta de estos artefactos, que iluminaron las calles iraníes pero sin abrumar en exceso con su ruido a los vecinos ni aterrorizar a los transeúntes.

Junto a su comercio en una concurrida avenida de la capital, Mohamad reconoció a Efe que este año ha ganado una quinta parte de lo habitual y que solo ha traído petardos de poca intensidad y fuegos artificiales, obviando los artefactos más peligrosos y potentes.

Las precauciones no han podido evitar que haya víctimas, aunque las cifras hablan por si solas: un muerto frente a los 17 registrados el año pasado en todo el país, y 2.600 heridos, un 50 % menos, según los datos ofrecidos hoy por el jefe de los Servicios de Emergencia, Pir Hosein Kolivand.

La controvertida festividad del "Charshande Surí" es de tradición zoroastriana, la religión dominante en Irán antes de la llegada del islám, y se remonta a unos 1.700 años antes de Cristo.

Su carácter preislámico siempre ha sido visto con malos ojos por los líderes de la República Islámica que, sin embargo, no han logrado impedir su celebración, como tampoco las amenazas de la policía de detener a aquellos que usen artefactos peligrosos e incendiarios.

En opinión del clérigo Abdolá Govahí, el "Charshande Surí" es "una superstición" que provoca perdidas humanas y económicas en "unas horas", debido a que los comerciantes cierran sus negocios y la población tiene miedo a salir a la calle.

"Tenemos que estar atentos a no infectarnos con estas supersticiones. La alegría es buena y aceptada por el islam, pero no una alegría que supone un desastre a muchos compatriotas", indicó a Efe el religioso.

El fuego permite deshacerse de las cosas malas y pedir energía para el año nuevo, según la creencia popular. Por ello, con la puesta del sol comienzan a encenderse hogueras improvisadas.

En un callejón en el norte de Teherán, Nasrin Panye Shahí y su familia se juntaron en torno a una hoguera, que saltaron como es tradición siete veces recitando "mi color amarillento para ti y tu rojizo para mí".

Esta frase pide al fuego que nos quite la enfermedad y nos de calor, explicó Panje Shahí, para quien el "Charshanbe Surí" es "un antiguo ritual muy bonito heredado de los antepasados".

La mujer lamentó que las tradicionales ceremonias en torno al fuego y a las reuniones con la familia y los vecinos dieran paso a "los petardos y las bombas caseras que crean un ambiente de terror".

A su juicio, la alegría y la tranquilidad quedó perturbada por estas nuevas costumbres aunque, al menos este año, en recuerdo a la tragedia de Plasco, se ha regresado un poco a los orígenes.

Marina Villén y Artemis Razmipour