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martes 19 de julio de 2016, 01:00

Una experiencia artística que ayuda a crear un país mejor

Desde ayer, cerca de mil niños y jóvenes procedentes de distintos lugares del Paraguay se reúnen en la laboriosa colonia menonita Neuland, en el Chaco Central, para compartir y crear música. Es la edición anual número 14 de un sueño impulsado por el maestro Luis Szarán, con el entusiasta apoyo de muchas personas e instituciones, que ya ha logrado dotar de orquestas sinfónicas juveniles a más de medio centenar de pueblos y ciudades de todo el territorio nacional, habiendo formado a toda una generación de talentosos músicos, a través del proyecto Sonidos de la Tierra. Es una valiosa experiencia que demuestra lo que el arte puede lograr desde la educación, ayudando a despertar la creatividad y la imaginación de ñiños y jóvenes, con miras a formar ciudadanos para un país mejor.

Con el lema "el joven que durante el día interpreta a Mozart por la noche no romperá vidrieras", el músico, investigador y director de orquesta Luis Szarán logró en más de una década que unos 14 mil niños y jóvenes de escasos recursos reciban capacitación y hoy formen parte de elencos artísticos en 172 pueblos y ciudades del Paraguay, a través del proyecto Sonidos de la Tierra, que se inició en el 2002.

Esta destacada iniciativa cultural y social nuevamente muestra sus frutos en estos días, con el XIV Seminario y Festival Nacional de Orquestas Juveniles Sonidos de la Tierra - Chaco 2016, que esta vez se lleva a cabo en la localidad de Neuland, Departamento de Boquerón, desde el lunes 18 hasta el jueves 21, reuniendo a unos 1.000 niños y jóvenes de 46 ciudades, pueblos, compañías, asentamientos campesinos y comunidades indígenas.

Actualmente casi no hay ciudad o pueblo del Paraguay que no cuente con algún tipo de orquesta juvenil. Hasta en los paisajes más agrestes y alejados del Paraguay se ha vuelto común ver a grupos de niños caminando por senderos polvorientos con instrumentos musicales a cuestas: guitarras, arpas, violines, chelos, contrabajos, flautas, y ya resulta habitual escuchar música paraguaya en versión sinfónica, o conciertos con obras de Beethoven, Mozart, Bach, José Asunción Flores o Herminio Giménez, hasta en las populares fiestas patronales.

Inspirado en el concepto de la educación a través del arte, Sonidos de la Tierra ha desarrollado en todo este tiempo un ambicioso programa de integración social y comunitaria a través de la música, que busca combatir la violencia juvenil y potenciar la autoestima, incentivar la creatividad y el espíritu emprendedor, el trabajo en equipo y las actitudes democráticas.

El resultado está a la vista y se lo podrá apreciar en todos estos días, no solo en la laboriosa Neuland, fundada por los inmigrantes menonitas en el corazón del Chaco, sino también en localidades vecinas, como Loma Plata y Filadelfia, Mariscal Estigarribia, como en el histórico Fortín Boquerón, donde el Festival de los Pueblos llenará de música el escenario que en otros tiempos enfrentó a paraguayos y bolivianos durante la Guerra de Chaco (1932-1935).

Esta vez, desandando los caminos a los que nos llevó la Guerra, la música constituye un factor de integración cultural y de reafirmación de la paz. Del encuentro musical participan también orquestas internacionales de Bolivia Argentina y Brasil.

En contrapunto con una época de crispación social, la experiencia de Sonidos por la Tierra aporta una saludable dosis de optimismo y esperanza. O como dicen sus organizadores: "Con música, la historia cambia".