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Editorial
martes 6 de septiembre de 2016, 01:00

Una actitud de seccionaleros que cuestiona a la vieja política

Al contrario de lo que se ha acostumbrado hacer durante tantas décadas de ejercer un estilo político clientelista y prebendario, varios dirigentes de seccionales coloradas actualmente se resisten a arrear a la gente para un acto por el próximo aniversario del Partido Colorado. Aunque la rebeldía de las bases coloradas parece obedecer más a un descontento contra la cúpula del Gobierno, por no atender sus reclamos, que a una nueva actitud ética en la práctica política, el gesto constituye un quiebre de antiguos modelos, en el que las personas eran llevadas masivamente a las concentraciones partidarias a cambio de dinero, galleta y vaka'i. Es de esperar que este conflicto inspire un debate más profundo, que lleve a una mejor conciencia política.

Una inesperada rebelión se ha originado en muchas bases del Partido Colorado, ante el desafío de los principales dirigentes de las seccionales, que se resisten a arrear a su propia gente para cumplir el propósito de juntar a 50.000 personas en un acto el viernes 9, por el aniversario de la Asociación Nacional Republicana, que se celebra el 11 de setiembre.

La actitud de los seccionaleros constituye toda una interesante novedad, si se tiene en cuenta que el Partido Colorado ha construido gran parte de su poder político durante las últimas décadas con el manejo clientelista y prebendario de sus afiliados, realizando demostraciones de fuerza con multitudinarias concentraciones, basadas justamente en el sistema del arreo de gente principalmente ligada a los empleos obtenidos en la administración pública del Estado.

Ese peculiar estilo de hacer política, arrastrando masivamente a personas, generalmente de condición humilde, a los actos partidarios y a votar en las elecciones, ha sido caricaturizado folclóricamente como una movilización de correligionarios a cambio de sumas de dinero, galleta y vaka'i (latas de carne en conserva).

Cabe señalar que esta práctica del arreo no es exclusiva de los colorados, ya que también se han detectado muchos casos similares en partidos de la actual oposición, pero es más frecuente que se realicen desde estructuras de poder.

En estos días, sin embargo, se han dado a conocer numerosas posturas críticas de dirigentes de seccionales coloradas ante el pedido de la cúpula del partido de Gobierno de llenar varios ómnibus y juntar a 50.000 personas para el acto del viernes 9, en una demostración de fuerza que apunta a dar la imagen de un apoyo masivo al sector del actual Poder Ejecutivo, ante los últimos sondeos que demuestran una gran pérdida de popularidad del presidente Horacio Cartes, algo que resta chances para las próximas elecciones.

La relación del actual mandatario con las bases coloradas no ha sido fácil, desde que a principios de su gestión en muchas seccionales se izaron banderas negras, pretendiendo demostrar que había una ruptura en la relación política, cuando en realidad se cuestionaba que muchos ministros del Gabinete no eran del partido y que no se permitía el acceso de dirigentes a más cargos políticos.

Aunque la aparente rebeldía de las bases coloradas parece obedecer más a un descontento contra la cúpula del Gobierno, por no atender a sus numerosos reclamos, que a una nueva actitud ética en la práctica política, el gesto de los seccionaleros constituye un quiebre de los antiguos modelos de relación política dentro del coloradismo, algo que no deja de resultar interesante de cara al proceso de fortalecer la democracia. Es de esperar que este conflicto inspire un debate más profundo, que lleve a una mejor conciencia política.