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Opinión
martes 2 de agosto de 2016, 01:00

Un triste legado

Por Fernando Boccia – fernando-boccia@uhora.com.py
Por Fernando Boccia

Desde el secuestro de María Edith Bordón hasta el de Franz Wiebe pasaron casi 15 años y cinco gobiernos. En todo este tiempo ningún presidente o ministro del Interior logró desbaratar a un reducido pero entrenado grupo de criminales que disfrazan sus atentados bajo un discurso hipócrita en favor de los más pobres.

La historia, su historia, evidencia su falsedad: la enorme mayoría de víctimas (más de 50) son, finalmente, los más pobres. Son trabajadores del campo, policías de bajo rango y cualquiera lo suficientemente desdichado como para cruzarse con ellos en algún paraje de San Pedro o Concepción. El Ejército del Pueblo Paraguayo no es ni ejército ni es del pueblo paraguayo, vale recordarlo cada tanto ante la pomposidad de un nombre nunca tan inadecuado.

Horacio Cartes y Francisco De Vargas no pueden ser tenidos como los únicos responsables. El engendro nació hace más de una década y creció bajo la desidia e incapacidad de colorados, luguistas y liberales. Algunos obtuvieron ciertos resultados, otros cosecharon caídas, pero la derrota es de la clase política entera y, quizás, también de una sociedad aletargada y resignada ante la fatalidad.

No obstante, de todos los gobiernos que tuvieron que encarar este problema, sin dudas el de Cartes representa un punto de inflexión en el historial de lucha contra el EPP.

Hoy el Poder Ejecutivo se enfrenta a una triste paradoja: nunca antes un presidente de la República tuvo tantos recursos (presupuestarios y legales) para combatir a este grupo armado y nunca antes este grupo armado se mostró tan poderoso.

No solo duplicaron la cantidad de homicidios cometidos durante este periodo que en cualquier otro, sino que también secuestraron a más personas. Con Arlan Fick y Edelio Morínigo perpetraron, por primera vez, dos secuestros simultáneos y ahora tres, con los de Morínigo, Abrahán Fehr y el joven Wiebe.

En dos semanas se cumplen tres años de la asunción de Cartes al poder y la seguridad es quizás su fracaso más evidente. Lo concreto es que la estrategia adoptada por el Ejecutivo hasta ahora no generó resultados positivos y la incompetencia de las autoridades de turno solo permitió el crecimiento del problema.

Millones y millones de dólares han sido gastados, centenas de policías y militares fueron movilizados y los resultados son cada vez más desmoralizantes para una Fuerza de Tarea Conjunta que, desde su creación en el 2013, no ha justificado su existencia. Este Gobierno se expone a que su gran legado al país sea el fortalecimiento del EPP ante la ineficacia de comandantes, generales y ministros.