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Opinión
sábado 18 de febrero de 2017, 02:00

Un padrenuestro, tres avemarías y ya está

Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia

¡Qué confuso suena el lenguaje del arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela! Uno hace esfuerzos por intentar entender exactamente qué quiso decir, pero llega siempre a la misma conclusión: a su mensaje le falta compasión cristiana. Puede que sus acciones se ajusten a los protocolos eclesiásticos y al Derecho Canónico, pero su modo de comunicarlas no está a la altura de una institución de más de dos mil años de antigüedad.

Quizás no haya sido su intención, pero la prensa, la inmensa mayoría de la sociedad y hasta muchos clérigos tuvieron la misma impresión que yo: Monseñor persiste en su voluntad de minimizar el caso de abuso sexual que involucra al sacerdote Silvestre Olmedo, de Limpio.

Es cierto que violar a un menor de edad es más grave que manosear los pechos de una mujer adulta contra su voluntad, pero calificar este acto como un "pecado leve" es un imprudente desconocimiento de la existencia de una ciudadanía sensibilizada contra la histórica ocultación de la Iglesia de los casos de pedofilia y otros delitos sexuales que ocurren en su interior.

Si el señor arzobispo está sorprendido por la reacción enojada de la gente ante sus explicaciones, es porque no tomó en serio la posición pública antagónicamente distinta frente a casos similares del propio Pontífice desde la máxima jerarquía de la misma Iglesia a la que pertenece Edmundo Valenzuela, Francisco instó a tener tolerancia cero con estos abusos y a "derribar los muros de silencio que sofocaban los escándalos y los sufrimientos y que muestran una terrible zona de sombra en la vida de la Iglesia". ¡Cuánta diferencia en la elección del tono y las palabras entre uno y otro! Monseñor debería entender que de eso se trata la comunicación.

El acusado es sacerdote y eso agrega morbo y contradicciones morales al suceso. Pero también es ciudadano de un Estado laico. Como tal, tiene derecho a una defensa justa y a la presunción de inocencia. Pero a nada más que eso. A la justicia civil no le importa que el arzobispo crea que esto se trata de una piedrita y no de una montaña. El pa'i Silvestre puede terminar preso.

¿Recuerda el caso del muchacho que tocó las nalgas de la modelo Fiorella Migliore cuando esta iba en bicicleta? Pues bien, fue identificado, imputado, obligado a hacer donaciones pecuniarias a una oenegé y a pedir disculpas públicas a la víctima. Se salvó de ir a la cárcel gracias a aceptar estas imposiciones judiciales. Había sido solo una broma algo descerebrada, pero la justicia paraguaya no la consideró un "pecado venial".

Por eso, pretender repararlo con "ejercicios espirituales", "vida austera" o solicitando a la víctima que rece por su agresor no solo parece insuficiente, sino que suena medio indignante. Porque queda esa sensación de que la jerarquía de la institución no se solidariza sinceramente con la afectada. Ya lo ve, de nuevo, una cuestión de comunicación.