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domingo 27 de noviembre de 2016, 10:15

Un laboratorio de piensos en un peculiar lago filipino

En el lago filipino de Taal, formado dentro de una caldera volcánica, se está llevando a cabo un experimento con el que los acuicultores de la zona quieren hacer más rentable su tradicional cría de peces.
EFE

En ese mismo lago, junto al pequeño volcán de nombre homónimo, las jaulas de tilapia y chano, dos pescados muy comunes en el país, reciben el alimento en forma de piensos tres veces al día.

A la cita acude puntualmente Erwin Brioso, que con sus 32 años lleva media vida dando de comer a los peces sin seguir más normas que las que le dictaba su propia experiencia.

Ahora se le ve hojear un cuaderno en el que están apuntados los resultados obtenidos con los piensos habituales y con otros distintos que están en fase de experimentación.

"Con los primeros se nos mueren veinte pescados al día y con los nuevos apenas siete", asegura Brioso.

Estos últimos piensos son los que la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha entregado a esa piscifactoría para que los pruebe durante un tiempo.

El objetivo final del proyecto es ahorrar costes de producción en la acuicultura, un 70 % de los cuales se concentra en los piensos dentro de ese sector alimentario, el de más rápido crecimiento en la actualidad.

En ese laboratorio flotante cercano a Manila, los productores obedecen un protocolo establecido por la FAO en tres jaulas y siguen sus propias prácticas en otras tres, al tiempo que en otra parte utilizan una combinación de ambos sistemas.

Los criadores como Brioso continúan guiándose por lo que observan, pero también han aprendido a tomar la temperatura del agua y medir el nivel de oxígeno disuelto para poner pienso cada vez que baja de determinados niveles.

De la comparación entre los diversos métodos ya han detectado que con la formulación antigua de piensos "los peces son más grandes, pero su mortalidad es mayor", sostiene uno de los socios del proyecto, Hoseas Montevilla.

Aunque por ahora los resultados son provisionales, el dueño de esas granjas, el chino Jeston Co, considera que los granos de los piensos modernos son más pequeños y antes de que se disuelvan en el agua sus nutrientes pueden absorberse mejor.

La clave está principalmente, según el técnico gubernamental Roy Ortega, en la composición de los piensos, que deberían basarse en ingredientes disponibles localmente y no exportados (que a pesar de ser más caros son los más utilizados).

No solo se busca enseñar a los acuicultores las nuevas técnicas, sino influir en el trabajo de los fabricantes de piensos acuícolas, que en Asia y África suelen ser de pequeña escala.

Solo con ese cambio en el origen de los ingredientes -harina de pescado, soja y maíz en su mayoría-, los productores podrían pagar menos por la comida de los animales y optimizar su producción, de acuerdo al experto.

Además, destaca que el porcentaje de ingredientes tendría que estar equilibrado para que los peces se nutran mejor, repercutiendo así en la calidad de los productos y la dieta de los consumidores finales.

"Cuando hablamos de enseñar a los productores a intensificar sus cultivos, no es otra cosa que hacer más con menos", enfatiza.

Para introducir las nuevas técnicas las autoridades y la agencia de la ONU han optado por intentar adaptar mercados como el de la tilapia, considerada en Filipinas la especie acuícola más consumida y cada vez más comercializada a nivel mundial.

También están probando con el chano, un pez con muchas espinas cuyos principales productores mundiales son Filipinas, Indonesia y Taiwán.

Por el momento en Taal Co ha aceptado el reto, seducido por el desarrollo de nuevas fórmulas con las que administrar sus 300 jaulas del lago Taal. "Eso mejorará el negocio", augura.