18 de agosto
Viernes
Parcialmente nublado
19°
29°
Sábado
Poco nublado con tormentas
15°
28°
Domingo
Mayormente despejado
21°
Lunes
Despejado
13°
23°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
martes 28 de febrero de 2017, 02:00

Un ejercicio de imaginación

Fernando Boccia Torres – fernando-boccia@uhora.com.py
Por Fernando Boccia

¿Qué hubiera pasado si el diputado José María Ibáñez llegaba a ser condenado por pagar con dinero del Estado a los empleados de su quinta privada? ¿Si la Justicia impartía una sentencia en tiempo y obligaba al legislador colorado a dejar su curul y no poder ejercer más un cargo público por, digamos, cinco años?

Ni siquiera imaginemos que vaya preso, sino simplemente una sentencia en tiempo y forma. El mismo diputado admitió los hechos. Sí, lo hizo sin ser muy directo, sin ser muy claro, pero al salir de la Fiscalía en una improvisada conferencia de prensa pidió perdón a la ciudadanía por "los errores cometidos". Quizás eso sea lo más parecido a la confesión de un delito que vamos a escuchar de un congresista paraguayo.

Ese día de octubre del 2014, los abogados de Ibáñez ofrecieron al Ministerio Público reconocer todos los cargos y conseguir una salida procesal para el diputado, que implicaría la reparación del daño con un poco más de 200 millones de guaraníes y así el diputado quedaría sin antecedentes. En un acto de temeridad, la Fiscalía rechazó la propuesta e insistió en llevar a este político colorado a un juicio oral y público. Como era de esperarse, la causa se paralizó con una serie de chicanas de la defensa y ahora duerme en algún escritorio del Poder Judicial.

¿Qué hubiera pasado, entonces? Quizás algunos cambios hubiesen sido fáciles de notar, como una inusitada presencia de funcionarios en el Congreso. Probablemente, una condena hubiese tumbado como fichas de dominó a todos los otros legisladores procesados por escándalos de corrupción, en causas congeladas en la Corte Suprema de Justicia. En definitiva, el país sería un poquito mejor. No mucho, pero significativamente más digno.

De algo estoy seguro: si el diputado Ibáñez hubiera sido condenado a tiempo, su colega Tomás Rivas, también de la ANR, no se hubiera nunca animado a replicar el ahorrativo método para pagar a dos caseros de sus propiedades y a un empleado de su negocio, como lo reveló una investigación de ÚH. No, no creo que ningún congresista se hubiese animado a cometer los mismos errores que José María Ibáñez.

Para desgracia de todos nosotros, ese no es el país donde vivimos. El diputado Ibáñez sigue ostentando poder en la Cámara Baja y en el Partido Colorado, su causa continúa paralizada, Tomás Rivas ni siquiera es investigado aún por la Fiscalía Anticorrupción y lo más probable es que nunca sepamos cuántos caseros de parlamentarios reciben sueldos del Estado. Así opera la impunidad, supongo.