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Opinión
miércoles 22 de febrero de 2017, 02:00

Un castigo al doctor que no puede callar

Susana Oviedo - soviedo@uhora.com.py
Por Susana Oviedo

El joven médico Raúl Morel fue noticia en julio de 2015, cuando lo destituyeron por publicar en su muro del Facebook la foto de un anciano indígena de la parcialidad Manjui, en grave estado de desnutrición. Hace un par de semanas volvió a aparecer en los medios de prensa, pero esta vez porque lo volvieron a cesar en la unidad de salud familiar de La Patria, Chaco.

Él está convencido de que la no renovación de su contrato es por hacer pública la miseria que se enseñorea en varias de las comunidades indígenas que le tocó asistir en su rutina laboral.

En estos momentos, el doctor está sin empleo y, nos imaginamos, seguramente decepcionado de las autoridades sanitarias que no quieren en sus filas a un médico así, con alta sensibilidad social, que no calla ante las injusticias, y que no duda en apelar a la solidaridad ciudadana en el afán de paliar el vulnerable estado de los indígenas.

Hallar un médico que quiera servir en una zona como La Patria, Chaco, ya resulta difícil. Quien lo acepta, sabe que el mayor desafío no son el desarraigo ni la precariedad, sino la frustración que produce ver perderse vidas que bien podrían salvarse si las personas estuvieran bien alimentadas, vivieran en mejores condiciones y tuvieran acceso a una asistencia sanitaria integral. Es decir, si para ellas rigieran efectivamente los derechos.

Con las poblaciones indígenas subalimentadas, arrinconadas y sin perspectivas de futuro, un médico entusiasta, con mirada humanitaria y con la fuerza para llegar hasta los rincones más recónditos del Chaco a fin de atender a un anciano moribundo, es una bendición.

Pero el Gobierno no lo entiende así. Por eso el Ministerio de Salud lo reemplazó sin llamar a concurso y por la vía de la excepción, alegando faltas administrativas y baja productividad por parte del médico ahora cesado.

Al escuchar esto, se nos viene a la memoria una foto del doctor realizando una instalación eléctrica en el local de la unidad de salud familiar. Una muestra de su actitud todoterreno y de que no paraba.

¿Cómo no valorar a personas así en una zona del país donde las poblaciones indígenas ni siquiera son aún sujeto de devolución de derecho?

Morel no pertenece a la élite de médicos que egresan de las facultades de Medicina tradicionales del país. Profesionales que ni remotamente se plantearían iniciar su carrera en medio de poblaciones profundamente marcadas por la exclusión y en puestos de salud ahogados de carencias.

El doctor de esta historia real es de los que fueron a formarse en Cuba y hasta ahora son subvalorados en el país.

El joven médico seguramente hallará trabajo y superará la injusta situación que le toca vivir. Pero el abandono y el hambre en las comunidades de La Patria, que denunció él, seguirán mientras la respuesta del Gobierno sea tratar de ocultar la realidad.