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Opinión
domingo 23 de abril de 2017, 01:00

Tutela o curatela

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende

La lamentable impericia y torpeza de los diversos actores políticos que intentaron modificar la Constitución Nacional para permitir la reelección presidencial por medio de una enmienda, ha llevado al país a una grave crisis y a un aparente callejón sin salida.

Las imágenes de la quema del Congreso Nacional, del atropello de la policía a la sede del PLRA –principal partido de oposición– y del asesinato del joven Rodrigo Quintana, dieron vuelta al mundo y generaron en la opinión pública internacional la impresión de que nos encontrábamos al borde de un conflicto de impredecibles consecuencias.

En esta crisis, nuestra clase política se ha aplazado de punta a punta. Primero generando un enfrentamiento predecible e innecesario; segundo, escalando día tras día la agresión; y tercero, no teniendo la capacidad de encontrarle una salida al mismo.

Lo que esta crisis demostró al mundo es nuestra absoluta incapacidad para gobernarnos a nosotros mismos, porque al igual que en la crisis de 1996 cuando hubo un intento de golpe de Estado por parte de Lino Oviedo, así como en la crisis del Marzo Paraguayo de 1999, fue necesaria una directa intervención extranjera, para que los paraguayos entremos en razón.

Esta situación trajo a mi mente párrafos del libro El arte de la política. La historia que viví, escrita por el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, donde analizando los años de su presidencia recuerda la manera en que él, personalmente, intervino en las reiteradas crisis del Paraguay.

En la página 635 del libro se describe: "En marzo de 1999 el presidente Raúl Cubas me llamó por teléfono pidiéndome que el Brasil le enviase balas de goma para que las fuerzas del orden pudieran contener al pueblo. Le dije al presidente Cubas que él había desempeñado un papel positivo en la transición para la democracia del Paraguay, y que sería penoso y arriesgado resistir por las armas las manifestaciones populares. Finalmente, le convencí de que era mejor renunciar y recibir asilo en el Brasil. A la noche enviamos un avión de la Fuerza Aérea Brasileña, para que con la protección de nuestro embajador él pueda dejar el país y pasar unos años viviendo con nosotros".

Estoy seguro de que una intervención diferente, pero similar, en este caso de los Estados Unidos y del Vaticano, fueron determinantes para que el presidente Cartes desista de un plan de reelección que era apoyado por una mayoría de la clase política, pero que era rechazado por una mayoría de la ciudadanía.

El plan de reelección presidencial vía enmienda fue tan desastrosamente implementado que pareciera que fue diseñado por los opositores del presidente.

Como dice Estela Ruiz Díaz, es inexplicable que habiendo realizado lo más difícil, que era obtener las mayorías en ambas cámaras del Congreso, no pudieran hacer lo más fácil, que era esperar una semana más para presentarlo después de concluida la Asamblea del BID en el Paraguay, esperar dos días más para no violentar el reglamento interno del Senado y manejar con muchísimo cuidado la actuación de la policía, para evitar ese accionar descontrolado que terminó con el atraco a la sede del PLRA y con la muerte de Rodrigo Quintana.

Tanta incompetencia junta nos obliga a darles parte de la razón a personas del exterior que opinan que el Paraguay no puede gobernarse a sí mismo y que siempre necesitará de la "tutela" de alguna potencia extranjera.

Algunos extranjeros que son más agresivos en sus expresiones dicen que la tutela es para un menor de edad que no puede gobernarse a sí mismo, mientras que lo que el Paraguay necesita es una "curatela", que es igual a la tutela, pero en lugar de ser para un menor de edad, es para un mayor de edad...incapaz.

Todo esto nos duele mucho y nos ofende como paraguayos, pero como dice Pablo Herken, "duele decirlo, pero hay que decirlo".