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Opinión
sábado 16 de julio de 2016, 01:00

Tres paraguayos se juntan y emergen cinco grupos

Por Andrés Colmán Gutiérrez – Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

En los años 80, durante un encuentro en el que participaban exiliados latinoamericanos en Lima, Perú, al advertir la abierta enemistad entre liberales y comunistas paraguayos –que luchaban contra la dictadura stronista, pero luchaban mucho más entre ellos mismos–, un conocido disidente chileno se burló: "Tres paraguayos se juntan y emergen cinco grupos".

El martes, con la colega Estela Ruiz Díaz fuimos invitados a analizar la realidad en la asamblea de la Conferencia de Religiosos y Religiosas del Paraguay (Conferpar), donde planteé un tema que causó escozor y despertó cierta polémica: la persistencia del "síndrome del gueto", en nuestros ambientes sociales y políticos.

Dije que, al margen de la regresión jurídica y democrática que significa la patética sentencia judicial en el caso Curuguaty, en estos dos últimos años hubo situaciones que despertaron lindas esperanzas, especialmente la rebelión de los universitarios de #UNAnotecalles, en setiembre del 2015, y la de los secundarios de la #Tomadecolegios, en mayo del 2016.

Lo mejor de estas dos revueltas juveniles, además del gran efecto político que lograron, fue que jóvenes de distintas tendencias políticas y sociales trabajaron unidos por encima de las diferencias.

En #UNAnotecalles reconocimos a liberales, marxistas, comunistas, colorados e independientes, luchando codo a codo, y fue el secreto de su gran victoria. En la gesta secundaria, la Organización Nacional Estudiantil (ONE), la Fenaes, la UNEpy y grupos independientes también dejaron de lado su rivalidad, mostrándose como un frente único, y el Gobierno tuvo que ceder.

Dije también que en las luchas por la causa de Curuguaty no pasó lo mismo. El lunes, tras la cuestionada sentencia que condenó a 11 campesinos, el dirigente universitario Arturo Cano, totalmente fuera de sí, no permitió que secundarios de la ONE expresen su solidaridad, acusándolos de "cartistas" (a Camila Benítez y al mismo grupo que inició la toma de colegios contra Cartes en mayo).

En un hecho igualmente deplorable, el popular pa'i Oliva negó el micrófono a los dos sectores estudiantiles, y en un gesto autoritario expulsó al periodista Dante Melgarejo, de Telefuturo, por transmitir en vivo el incidente.

Sumemos el escrache a la activista Katya González, a quien también se cuestionó por llevar su solidaridad. O el rechazo al pronunciamiento de los liberales en favor de los campesinos de Curuguaty. ¿No es posible criticarlos puntualmente por sus eventuales errores políticos, pero sí sumar su adhesión? ¿Cómo se entiende que esa misma gente reclame porque más sectores no se han solidarizado con la causa de Curuguaty?

De eso y más hablamos con los religiosos y religiosas de la Conferpar. De la necesidad de seguir superando el "síndrome del gueto", el sectarismo, el grupismo, el mesianismo. De construir el tiempo en que nos juntemos miles... y emerja un pueblo, una Nación.