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Opinión
martes 7 de marzo de 2017, 02:00

To bonos or not to bonos

Lupe Galiano
Por Lupe Galiano

Mientras los ciudadanos están preocupados por las bolsas en los súper, el Gobierno piensa en repartir ¡hule! hasta la decimoquinta generación de paraguayos, incluso cuando estos que mandan ahora ya no estén sobre la faz de la Tierra.

Es difícil de entender para quien no tiene estudios o lecturas especializadas sobre el tema, pero este asunto de los bonos soberanos es, cuando menos, peliagudo.

Por un lado, tenemos que el ministro churrito y su jefe quieren emitir bonos por 349 millones de dólares, que es imposible de traducir en guaraníes de tantos ceros que tiene la cifra. Hasta ahí vamos bien. El punto es que nada es gratis en esta vida. Estos títulos se tienen que pagar de aquí a 10, 15 o 30 años con las consecuentes tasas de interés, lo cual significa un endeudamiento del país con el comprador, que cobrará su inversión con creces. Claro que para el comprador también es una cuestión de fe, ya que se tiene que confiar en que un Estado poco confiable como el paraguayo honrará sus deudas, pero esa es harina de otro costado, como diría don Bla.

La cosa es que el Paraguay libera 349 millones de dólares de estos papelitos, con el respaldo de algún organismo internacional, y después tiene que devolver con creces; ergo: tu bisnieto va a seguir pagando todavía. Si ponemos, como nos gusta a los periodistas, en lenguaje popular, hoy mismo (si se emiten los bonos) cada paraguayo tendrá una deuda de 49 millones de dólares. Muchos ni siquiera vieron un millón de guaraníes todo junto, pero eso no importa.

No se trata de ponerle el palo a la rueda a este proyecto del Gobierno por el solo hecho de romper, ya que hay otro asunto que resulta algo turbio: la legalidad del procedimiento, que tiene mucho que ver con la pelea que llevan adelante el Ejecutivo y el Congreso por un caprichito: la bendita enmienda de la Constitución Nacional.

El problema comenzó el año pasado con el pimponeo del Presupuesto 2017, que al final quedó aprobado igualito que el año pasado por el toma y daca entre los unos y los otros. El segundo round llegó con la negativa parlamentaria de aprobar la emisión de bonos, para lo cual el Ejecutivo acudió a la convidada de siempre, la Corte Suprema de Justicia, que ni corta ni perezosa se mandó una figura que ni siquiera existe: la certeza constitucional.

En el medio, como espectadores despojados de sus facultades mentales, estamos los ciudadanos de a pie. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién miente? ¿Quién protege nuestros intereses como personas y como Nación? ¿Necesitamos los bonos? ¿Necesitamos más deudas? ¿Qué tan soberanos son los bonos? Preguntas, preguntas y más preguntas.

Y ya que estamos: ¿Será que alguien quiere comprar bonos de la Guerra del Chaco?