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Opinión
jueves 7 de julio de 2016, 01:00

Tiempos de absolución

Por Miguel H. López | En TW: @miguelhache
Por Miguel H. Lopez

Concluyeron los alegatos de la acusación y la defensa en la causa Curuguaty. Si bien el hecho no debió haberse dado porque en la práctica el caso no existe por nulo, por violaciones al debido proceso, por falta de pruebas, por impericia y un largo y prolongado etc., ahora el juicio entró en su fase más delicada y peligrosa: el juzgamiento de lo arrimado al expediente. El poder lo tienen los jueces.

¿Por qué delicada? y ¿por qué peligrosa?

Delicada, porque conociendo la experiencia paraguaya en términos de "gestión de Justicia", todo sigue siendo pasible de ser vulnerado. Más aún en esta causa en donde el juzgamiento es más político que jurídico y donde el actual Gobierno tiene mucho que maquillar, porque justamente el presidente de la República, Horacio Cartes, fue el principal impulsor –entonces como precandidato desde el Partido Colorado– del juicio político al gobierno constitucional de Fernando Lugo, que terminó cayendo por un golpe parlamentario revestido de legalidad. No son pocas las voces locales e internacionales que acusan de que la matanza –11 campesinos y 6 policías– fue una estratagema para provocar la salida del poder de factores progresistas que impedían discrecionalidad a grupos y mafias económicos y del agronegocio.

Peligrosa, porque la Justicia paraguaya y sus agentes no son confiables. Y no por antojadiza la afirmación. Décadas de demostraciones prácticas sostienen argumentadamente que el Poder Judicial, atravesado por la corrupción profunda, ni ejecuta justicia pronta ni barata ni equitativa ni justa. Entonces –pese a que los jueces de este caso se merezcan el beneficio de la duda a que juzgarán con lealtad a las leyes– el hecho de haber continuado un juicio sin elementos ni pruebas e insostenible jurídicamente, no habla muy bien de su gestión.

Terminaron los alegatos. La Fiscalía no logró demostrar algo concreto. Por momentos, las aseveraciones de los agentes del Ministerio Público parecían berrinches de adolescentes; chismes de cuadra.

La vida y la libertad, el presente y el futuro de 11 compatriotas y sus familiares, dependen del antojo de un puñado de personas que juraron hacer justicia. Si condenan, violarán su juramento. Si absuelven, habrá esperanzas de cambio en el país. Veremos...