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Opinión
sábado 18 de marzo de 2017, 02:00

Termina el plazo de Lugo

Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia Paz

A fines del año pasado aseguraban que ya tenían los votos para imponer la reelección. Solo faltaban algunos detalles. Pero pasó enero y no presentaron el proyecto. Dijeron que solo esperaban el momento propicio, pero nunca llegaba. Fue un verano atípico. Seguimos hablando de política en meses de descanso y pocos parlamentarios se animaron a salir de vacaciones.

Amagaron varias veces con hacer la presentación al día siguiente. Solo lograron titulares de diarios anunciando un apocalipsis que jamás sucedía. Los rumores hicieron que más de un senador llevara su colchón al Congreso para permanecer de guardia en un angustiante duermevela.

Hay razones para esta penosa postergación. La principal, sin duda, es que los estrategas políticos de la campaña actuaron como los Tres Chiflados, dada la nutrida colección de metidas de pata que cometieron. La segunda es que cuando los aliados no están unidos por principios, sino por intereses, sus arreglos solo funcionan cuando confluyen en un objetivo idéntico. Cuando las disquisiciones se alargan es más probable que se descubran aristas en las que no se coincide. Sobre todo cuando entre ellos hay antecedentes muy recientes de traiciones, mentiras e intrigas. Los liberales dicen que Lugo miente mucho. Lugo dice que los liberales traicionan. Los colorados se sienten falsos pactando con la oposición. Todos tienen razón. Y así pasan los días...

Hay un último motivo en el que conviene detenerse. Es el hartazgo de la gente. Hace meses que se aplasta a la población con una discusión argel, interminable, aburrida, sobre un tema que no hace a la sobrevivencia cotidiana. Solo interesa a un puñado de políticos. Mientras, todo se posterga. Por eso Lugo, que como ex obispo algo entiende de la percepción del malhumor colectivo, emplazó a todos con doce días para definir la cuestión. Cumplido el plazo, dijo, se bajaría del tren. Es lo que se cumple hoy. Desde el Frente Guasu, aclararon que habría que computar solo los días hábiles. Eso nos lleva, in extremis, a la próxima semana.

Como sea, el culebrón del verano terminará en pocos días. Si se abren las puertas a la reelección en contra de la Constitución, iniciaremos un proceso incierto y farragoso. Si no lo logran, comenzará otra telenovela surrealista: la Corte Suprema de Justicia será la tabla de salvación. Y, como allí puede esperarse cualquier cosa, tendremos el culebrón del otoño. Será una historia iniciada hace 18 años, cuando un dictamen de la Corte inventó la "certeza constitucional", un prodigio de imaginación que los magistrados utilizaron para autoconfirmarse en los cargos, para legitimar los bonos soberanos y pretenderán usar para oxigenar el proyecto de reelección. Claro que, ya se sabe, segundas partes nunca son buenas y la gente a esa altura estará tan podrida que los correrá a huevazos.