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Mundo
viernes 12 de agosto de 2016, 15:15

Temer cumple tres meses en el poder y espera la definición sobre Rousseff

El presidente interino de Brasil, Michel Temer, cumplió este viernes tres meses en un poder al que se aferra pero sólo conservará si la mandataria suspendida, Dilma Rousseff, es condenada en un juicio político cuya fase final comenzará el próximo día 25.

Eduardo Davis - EFE

La inusual situación política en que está Brasil desde el 12 de mayo, con un mandatario interino y otro suspendido de sus funciones, se esclarecerá a partir del próximo día 25, cuando el Senado, según confirmó hoy, comenzará la sesión que decidirá definitivamente la suerte de Rousseff, acusada de graves irregularidades fiscales.

Esa sesión, que puede durar entre tres y cinco días, también determinará el futuro de Temer, quien si Rousseff fuera destituida seguirá en el cargo hasta el 1 de enero de 2019, cuando se completa el mandato que puede caer definitivamente en sus manos.

No obstante, hasta que el Senado se pronuncie el país seguirá en la incertidumbre, pues si Rousseff es absuelta recuperará el poder y Temer debería volver a la vicepresidencia, lo cual seguramente le llevaría a una dimisión.

Desde que asumió el poder una vez que el Senado instauró el juicio político, Temer ha dicho que, pese a su temporalidad, se proponía dirigir el Gobierno como "si fuera para quedarse".

De hecho, cumplió desde el primer día, cuando nombró un nuevo gabinete y comenzó a adoptar medidas económicas de corte liberal que el Gobierno de Rousseff hasta había propuesto, pero sin contar con el apoyo de un Congreso que le era hostil.

La amplia mayoría parlamentaria que aceptó las acusaciones contra Rousseff se ha volcado en favor de Temer, quien se jacta de haberle dado "armonía" a la relación entre el Gobierno y el Congreso.

"Cuando el Legislativo impide las propuestas del Ejecutivo es muy difícil gobernar", pero "ahora ambos trabajan juntos, cumpliendo el principio de la separación de poderes, pero en armonía", declaró el mes pasado.

De hecho, desde que Temer asumió, el Parlamento ha trabajado a todo vapor y lo ha hecho incluso hasta de madrugada, algo visto pocas veces y de lo que el presidente interino también se ufana.

El talante conservador de la agenda que ha propuesto incluye un severo ajuste fiscal para corregir el rumbo de una economía a la deriva y ha tenido reflejos hasta en la política exterior del país.

Las simpatías "bolivarianas" de Rousseff han sido dejadas de lado y Brasil ha endurecido su posición respecto al eje de lo que muchos califican como "nueva izquierda latinoamericana" y, en particular, con Venezuela.

Junto a Paraguay, y con el apoyo más discreto de Argentina, el Brasil de Temer encabeza gestiones para impedir que Venezuela asuma la presidencia del Mercosur, que hasta ahora ostentaba Uruguay y le correspondería por orden alfabético al Gobierno de Nicolás Maduro, que contaba con la aprobación de Rousseff.

Brasil, Paraguay y Argentina están en contacto permanente sobre ese asunto y sostienen que Venezuela aún no se ha adecuado a toda la normativa del bloque, como se comprometió hace cuatro años cuando se le aceptó como miembro pleno, así como ponen en tela de juicio la situación de los derechos humanos en ese país.

A pesar de ese viraje regional, Temer ha decidido mantener la prioridad que el Brasil de Rousseff le daba a la relación con China y ya ha anunciado que ese país será el destino de su primer viaje al exterior en calidad de presidente efectivo, si el Senado finalmente destituye a Rousseff.

La excusa será la Cumbre del G20, que se celebrará los días 4 y 5 de septiembre en la ciudad china de Hangzhou, en el marco de la cual Temer incluiría una visita oficial al principal socio comercial de Brasil.

Este viernes, en coincidencia con sus primeros tres meses en el poder así sea como interino, Temer recibió al presidente de Armenia, Serge Sargsián, el primer mandatario extranjero que llega al país en visita oficial desde la suspensión de Rousseff.

Sin embargo, su estreno internacional fue el 5 de agosto, cuando ofreció una discreta recepción a las autoridades extranjeras que viajaron a Río de Janeiro para la apertura de los Juegos Olímpicos, que serán clausurados cuatro días antes del inicio del juicio final contra la mandataria.