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Opinión
martes 19 de julio de 2016, 01:00

Tarjeta roja para el Topo

Brigitte Colmán - En Twitter @lakolman
Por Brigitte Colmán

Más que una casa propia, el paraguayo lo que más quiere en la vida es tener un auto.

Y está bien que muchos puedan cumplir el sueño del coche propio, la cuestión es que muchos de ellos no se preocupan de estar preparados para salir a las calles o a las rutas. Consiguen su registro así nomás, sin conocer las reglas de tránsito.

Pero esas reglas son importantes; nos dicen lo que significa el cartel rojo con letras en blanco que dice PARE; o por qué en una ruta, en medio del asfaltado, está pintada una raya amarilla, que te advierte que no adelantes.

Las reglas de tránsito son una especie de tratado de convivencia civilizada, que no todos conocen ni respetan; pero que si todos conocieran y respetaran, esto sería un país en serio.

Ahora, ¿cómo es la realidad allá afuera en la selva? Si alguien no cede el paso a un peatón que cruza por la cebra, no pasa nada. Si cruza una luz roja, por lo general, queda impune. Si estaciona en doble fila, nadie le dice nada.

Si va a 20 km/h por el carril izquierdo, mejor no le digas nada, capaz que te muestre el dedo del medio. Si mientras maneja lee sus mensajes de guasap en su smartphone, que Dios te ampare. Si estaciona bloqueando una rampa de acceso universal, ni se va a dar cuenta, y no le va a importar.

Porque así es este país. En la calle impera la ley del más ignorante y prepotente.

De los 7 millones de paraguayos y paraguayas que vivimos en esta tierra, somos un montón los que pagamos nuestros impuestos, respetamos la Constitución Nacional y las reglas de tránsito, cedemos el asiento a los viejitos y a las embarazadas en el ómnibus, y muchos incluso asisten a misa todos los domingos.

Pero hay un preocupante porcentaje de la población que no cumple con las básicas reglas de convivencia que son las reglas de tránsito; y si por ahí alguien la incumple y le pillan, sabe que es relativamente fácil "resolver" el problema.

Todos hicieron leña del árbol caído, cuando un conocido jugador de fútbol chocó el otro día; no fue el primero, y tampoco va a ser el último.

No conozco muy bien la historia, pero sé que si él viviera en algún país civilizado donde sí se respetan las normas, no se tomaría una cerveza y después manejaría su auto. Jamás lo haría porque sabe que en los países en serio, si te pillan podés ir a la cárcel; y además porque los paraguayos cuando estamos afuera tendemos a portarnos mejor y a respetar las reglas.

En el Paraguay –y es horrible saber que vivimos en un país así– nadie respeta a nadie. Nos escandalizamos porque un pelotero hace lo que quiere, pero los políticos hacen lo mismo, todos los días. El Topo es solo uno más de los que se creen omnipotentes subidos a un auto, y a pesar de su talento con la pelota, se merece la roja.